POESÍA EN COREANO

Hoy he tenido una trágica iluminación: aparentemente, no hay ninguna palabra decente que rime con Corea. Es desolador. Aunque tampoco muy raro. Si nos ponemos a pensar en las palabras que casan con los nombres de nuestros vecinos más cercanos las cosas no se ponen mucho mejor. Portugal tiene unas rimas muy traídas por los pelos que ni me molestaré en desglosar, y las de Francia son muy feas: rancia, sustancia, arrogancia, fragancia (por lo de Chanel nº5) y una ristra de rimas agobiantes y ampulosas.

En España por algo tenemos confianza en inventar todo tipo de tonadillas absurdas. Somos un país de rimaderos, de poesía y de altas letras. Porque claro, España rima con caña, con saña, con legaña, con maña, y con todas las palabras que se etiquetan ellas mismas como españolas con nuestra patria eñe. Es una pena que nuestro himno no tenga letra, con lo que daría de sí. Pero a pesar de tener un país cuyo nombre en español se presta a pocas rimas, Corea tiene pinta de tener una poesía bastante interesante. Y digo tiene pinta porque mis conocimientos de coreano, si los aplicamos a la lectura de literatura, son nulos.

En cualquier situación en la que la lengua es el vehículo de la expresión en todos sus aspectos, la traducción rompe muchas cosas, pero en los idiomas asiáticos creo que esa ruptura es mayor. Tengo un libro del autor Ko Un– os recomiendo que os leáis su biografía en Wikipedia, porque no tiene desperdicio- llamado “Málaga Milenaria” que está editado por la Universidad de Málaga, pues este autor fue invitado a la ciudad por el Ayuntamiento y la Universidad, donde se incluye un poema del año 2007 del mismo título, dedicado a Málaga. El libro es trilingüe, pues presenta el poema original en coreano, y las traducciones española e inglesa. En español, la traducción abre con lo siguiente: “Mediterráneo, ¿cómo es que hasta hoy persistes en ser horizonte?” Escudriñando en la frase original en coreano, persiguiendo los trazos de la grafía hangeul, descubrí que esa frase, a primera vista prometedora, puede serlo mil veces más en su idioma original. Ese descubrimiento me llevó a plantearme lo realizante que podría ser leerlo y entenderlo. Por la época en la que tuve acceso a ese libro, yo ya barruntaba mi visita a Corea, y aunque no se convirtió en una motivación principal, sí fue un pellizco de sana curiosidad cultural que se unió a las que ya tenía. En entradas próximas hablaré de cómo y cuándo acabó en mis manos el libro de Ko Un y eso me llevará a responder a la pregunta que mucha gente me hace: ¿por qué Corea?

En un plano más terrenal, aquellos que me seguís en Instagram ya habréis visto la que es indudablemente la foto del día: mi visado, que ha llegado esta mañana finalmente desde la Embajada en Madrid, sano y salvo, unido a mi pasaporte en preciosa comunión intercultural. Me he quitado un peso elefantóstico de encima y puedo seguir con los preparativos más inminentes, a saber: hacer la maleta y dejar las cosas medianamente listas por aquí. Porque la cuenta atrás de la barra lateral no perdona, y hoy hacen ocho días para irme.

Para los que os apetezca, podéis seguir el desarrollo de este viaje que está a punto de comenzar, en Facebook y en Twitter.

Postdata: Si a alguien se le ocurre alguna rima elegante con Corea, que se manifieste, porque lo mismo nada de esto tiene sentido.

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