SER ESTUDIANTE UNIVERSITARIO EN COREA

Me he decidido por un título didáctico, ilustrativo, como un libro de instrucciones paso a paso, que nos convertiría en un estudiante modelo en este país. Llevo apenas tres días de clases en la Universidad de Incheon, en Songdo. Como sabéis los que hayáis leido el apartado Sobre mí, soy estudiante de Psicología, pero, como una de las últimas estudiantes de Licenciatura, tengo lo que se llama créditos de libre configuración, que puedo completar con cualquier tipo de contenido. Por eso mis escasas asignaturas se adscriben al Departamento de Literatura y Lengua Inglesas. Y también coreano, por supuesto, aunque no empiezo hasta dentro de una semana.

Para ser un estudiante tipo en Corea, hay que reunir las siguientes condiciones:

Respeto. Estoy descubriendo que, desde mi limitado y occidentalizado punto de vista, a veces el respeto puede confundirse con la indiferencia o directamente con el rechazo. En España, cuando un profesor lanza una pregunta al aire, la presión grupal hace que alguien responda, aunque sea tímidamente. Incluso por el mero hecho de establecer contacto visual con un alumno, se crea un hechizo que obliga a manifestarse, a hablar. En Corea, el profesor se enfrenta solo a una masa informe de receptores de información. Salvo excepciones, las preguntas lanzadas al aire se quedan flotando solas. Hasta el punto que el docente entona un: “¿se me oye?”, un mensaje en una botella a un mar de manso respeto, sin olas de debate, solo observación y registro de información. A veces el profesor tiene que recurrir a decir un nombre de la lista para obtener una respuesta.

Quizás es que en Occidente nos planteamos más el por qué, cuestionamos cada palabra y exigimos a la persona que está ante nosotros que nos convenza, que nos venda lo que afirma. Somos contestones y, ante los ojos de el sistema oriental, tenemos un punto impertinente, posiblemente amamantado por nuestro arraigado estilo socrático, donde la discusión se entiende como escalera hacia el aprendizaje, el conocimiento. En Twitter subí el juramento que hice respecto a las reglas de mi residencia. Una de ellas me exige que acepte sin discusión los castigos que se deriven de mi posible mal comportamiento. Si soy castigada o reprendida, no se acepta la cultura de la excusa. Dan igual los motivos; agacha la cabeza y acepta tu culpa. Este sistema, ni mejor ni peor, es simplemente fascinante.

Descanso. En descargo de lo anterior, es posible que mis compañeros de clase estén simplemente mental y físicamente agotados. Durante la época de instituto están sometidos a enorme presión. Corea, a la cabeza de los países con mayor número de suicidios, encuentra en esta situación un problema nacional. Los adolescentes, que salen del instituto por la noche, para seguir estudiando, ven en la entrada a la Universidad las puertas del cielo, sólo que en vez de San Pedro, están la sociedad y el status quo académico, que exigen un enorme esfuerzo al estudiante medio. Pero, ah, una vez entran en la Universidad, las cosas cambian. La etapa universitaria es un pequeño oasis entre el esfuerzo adolescente y el adulto. Eso, unido al consumo intensivo de alcohol, lleva a situaciones absurdas, como las que más adelante cuento.

Sinceridad. Las excusas no existen, Pero igual que se aceptan los castigos humildemente, también la verdad se acepta con benevolencia. En algunas asignaturas, llegar dos o tres veces tarde cuenta como una ausencia y las ausencias bajan la nota. Estando en una de las clases, al poco de comenzar y tras pasar lista, el profesor dice:

“Los que hayan llegado tarde, que levanten la mano.”

Y varias manos se alzan en el silencio de la clase. El profesor toma nota de sus nombres, y la clase sigue. No hay conflicto, no hay quejas o excusas, al igual que no hay reproches. No existe tensión, ni estado de excepción por parte del profesor, tampoco por parte de los alumnos. Acaba de suceder un acto de lo más corriente. Pero para mí no puede serlo. Imposible.

Pero lo más absurdo es lo que mi compañera de cuarto me contó sobre lo que había pasado en una de sus clases. Tras preguntar la profesora, lista mediante, por el trabajo programado para ese día a un alumno, este le respondió que no lo tenía hecho. El día anterior había estado “bebiendo, bebiendo y bebiendo”. “¿Y tienes resaca?” “Sí”. Y ya está. La naturalidad de la verdad en estado puro. No hay ofensa.

Postdata: La semana que viene no tengo clases hasta el jueves, porque es el Chuseok, una fiesta coreana comparable a la Acción de Gracias americana. La gente sale de Seúl para volver a su tierra familiar y compartir unos días juntos. Nosotros, como no tenemos familia aquí, posiblemente vayamos a visitar una versión vacía de Seúl, viajando al revés que el resto del país. Estad atentos a Instagram si queréis seguir el día a día de este puente.

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