COSAS QUE TIENES QUE COMPRAR EN COREA (Y NO SABÍAS)

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Un montón de calcecines coloridos. Esto ya da una pista muy sutil…

¡Hola de nuevo a todas (y todos)! Hoy voy a compartir con vosotros mi lista de la compra I-NE-LU-DI-BLE siempre que estoy en Corea. ¡No la vayáis contando!

Primero, vamos a empezar con lo típico, ¿no? Lo primero que se os viene a la cabeza cuando pensáis en comprar algo en Corea. Ya sé lo que me vais a decir: cosméticos y productos de belleza, móviles y tecnología en general, un montón de discos y pósters de vuestros idols favoritos, algunos snacks para endulzar el camino de vuelta y por supuesto una botella de soju para llegar de nuevo a casa con alegría.

Todo eso está muy bien (y también os lo recomiendo) pero atentos, aquí os dejo lo que siempre compro cuando estoy en Corea. ¿Listoooos?

CALCETINES

Vale, esta os la veíais venir, estaba regalada. Corea es famosa por vender calcetines prácticamente en cualquier sitio. ¿Vas a una convenience store a comprarte un paquete de ramyeon? Quizás salgas también con unos calcetines en tu bolsa si te hacen falta de camino al jjimjilbang. En una papelería, en el supermercado, en donde quieras. Todo el mundo necesita calcetines, ¿no? Es muy fácil restarle importancia a un objeto tan esencial del día a día. En Corea no se avergüenzan de sus calcetines sino que ¡los lucen con orgullo! Y es que además el diseño de los calcetines coreanos es muy divertido. Desde adorables animalitos hasta Donald Trump, como podéis ver en uno de los últimos posts de Robert de Paella de Kimchi en su cuenta de Instagram:

https://www.instagram.com/p/BRvHt8hBUxk/?taken-by=robertkimchi

Otra cosa que también es genial es que los calcetines de este estilo suelen tener un precio de entre 1000 – 2000 wones, que es menos que un viaje en autobús.

ARTÍCULOS DE PAPELERÍA

De verdad que a veces intento resistirme, pero los artículos de papelería de Corea son interminables en variedad, calidad y diseño. Si en tu país de origen compras unos post-its, tendrás unos cinco o seis colores para elegir, eso en un sitio grande. Pero en Corea ya no hablamos de colores, sino de formas, tamaños, temas… Post-its con forma de gatos, pájaros, personajes famosos de animación, integrados en algún pack temático, la variedad es interminable. Y eso no solamente es así con los post-its. Las libretas, los bolígrafos, las gomas, los sacapuntas y hasta los Tippex tienen un montón de opciones. Sí, terminarás comprando cosas que no necesites o te convertirás en una escritora de éxito simplemente por darle salida a los veinte cuadernos que te habrás comprado.
Si queréis una tienda de donde no se puede salir sin comprar un montón de cosas de papelería, pasaos por ARTBOX que es… ❤

CALZADO DE MARCA

No sé el precio de algunas marcas de calzado casual en otros países, pero en España unas Converse o unas Vans pueden salir bastante caras. En Corea es más o menos fácil conseguir una buena oferta si vas en rebajas a alguna zapatería deportiva. Y no, no son falsificaciones. Yo me compré estas en unos grandes almacenes de Seúl:

Tengo una algo sucia porque me acababa de pisar una señora en el metro…

GAFAS GRADUADAS

Sí, como lo leéis. Cada vez que voy a Corea paso por una óptica, me gradúo la vista (soy miope) y me compro dos pares de gafas. Tienen una relación calidad-precio muy buena, los cristales son de mucha calidad y las monturas tienen un diseño único por muy poco dinero. Garantizado.

Bueno, preparaos, que ahora viene lo mejor que se ha inventado, algo sin lo que no podréis vivir si estáis en invierno en Corea. Yo tardé meses en descubrir que existía así que guardad esta información mejor que la receta secreta de vuestra abuela.

HOTPACKS

No tanto como souvenir, sobre todo si venís de un país caluroso, pero para sobrevivir en el día a día en Corea a bajo cero tenéis que compraros en cualquier convenience store toneladas de estas pequeñas bolsitas de tela rellenas de algo. Un algo que no sé qué es (nunca presté demasiada atención en las clases de química) pero que irradia calor si agitas la bolsita. Mucho calor. Cuestan también entre 1000 y 2000 wones (ahora que caigo, hay muchas cosas que cuestan 1000 wones) y son de un solo uso, podéis compraros un par de ellas y poneros una en cada bolsillo. Se agradece al meter las manos. Conseguir que calienten requiere algo de técnica, hay que agitarlas durante un ratito. No desesperéis si no funciona en un primer momento, porque algunas vienen defectuosas. La variedad definitiva es una que son adhesivas y te las puedes pegar por el cuerpo. La felicidad cuesta 1000 wones.

Espero que os haya gustado mi lista de compras coreanas. En los próximos posts os hablaré de más cosas del día a día en Corea del Sur. Si no os queréis perder lo que voy compartiendo podéis darle a Me Gusta a la página de Facebook de Objetivo Corea y seguirme en Instagram.

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DE VUELTA EN COREA

¡Hola de nuevo a todos!

Ha pasado un tiempo desde la última vez que actualicé el blog, pero sigue vivito y coleando, y con este post os anuncio algo que los que me seguís en Instagram o Facebook ya sabéis: ¡estoy de vuelta en Corea!

Aunque esta será una estancia corta, llevaba varios meses preparándola y estoy muy entusiasmada de estar aquí finalmente. Durante este último año he estado estudiando mucho coreano (si queréis saber cómo, podéis verlo aquí) y además he asistido a un curso de traducción de coreano al español en mi universidad de origen, donde estamos traduciendo una obra del autor Lee Jang Wook, sobre la que ya os contaré más adelante.

Pero ahora hablemos del asunto, he venido a Corea del Sur a estudiar MÁS coreano y mejorar mi nivel de cara a este nuevo año que entra. Me he apuntado a una academia de coreano y aunque aún llevo poco, estoy muy contenta con las clases. Han pasado dos años desde la última vez que vine y todo está más o menos igual. Algunas modas se han ido, han llegado otras nuevas, y en general, el ritmo frenético de Corea sigue a su paso habitual. Veloz, muy veloz, la dinámica coreana sigue siendo tan adictiva como agobiante a veces.

Llevo aquí unas dos semanas, y en mi tercer día me resbalé en una placa de hielo y me cargué la cámara, además de llevarme un buen golpe en el culo. La cámara ya está arreglada y gracias a eso ya estoy empezando a hacer fotos y vídeos. Respecto a mi culo, quitando un moretón enorme, la cosa va mejorando.

Aunque hay algunas cosas que os iré contando, es hora de preguntaros, aprovechando que estoy aquí: ¿qué queréis saber sobre Corea del Sur? ¿hay alguna curiosidad que queráis satisfacer sobre este país? ¿qué tipo de fotos queréis ver en Instagram?

Dejadme aquí en los comentarios o bien en los comentarios de la entrada de Facebook que he subido al respecto y os iré respondiendo en los mismos o por aquí si hay suficiente material para hacer una entrada de blog. ¡Objetivo Corea a la carta! 

 

 

ZAPATOS DE GOMA NEGRA

Una familia coreana a la mesa en los años 60.
Una familia coreana a la mesa en los años 60. Fotograma de Black Rubber Shoes.

¡Hola a todos y todas una vez más por aquí! Sé que el blog ha estado algo abandonadete últimamente, así que aquí estoy para ponerle remedio. No sé por vuestros países, pero ahora mismo en España está cayendo agua por todas partes así que es un buen momento para plantarse unas buenas botas de goma para meter sin miedo el pie por todas partes.

Hablando de botas de goma, hoy quiero hablaros de los 고무신 o gomusin. Estos zapatos que entraron en Corea en 1920 como producto de lujo y que fueron poco a poco popularizándose, al ser calzados por la mayor parte de la población durante los años 60 y 70. Estaban hechos de goma, lo que favorecían su limpieza frente a los antiguos zapatos de algodón y seda, que llevaban los miembros de las clases altas, y los de caña o madera, que usaban los trabajadores. Lo más normal era encontrarlos en color blanco o negro. Tienen más o menos esta pinta:

Unos zapatos de goma negros coreanos o gomusin.
No es que sean muy bonitos, la verdad. ¡Pero se pueden usar bajo la lluvia!

Pero, Ainhoa, ¿qué te ha dado en la cabeza? ¿es esto tan relevante para la cultura coreana? Vale, aquí entra lo que realmente venía a contaros.

Esta es la canción que abre Black Rubber Shoes, el nombre en inglés de 검정 고무신, una serie de animación coreana basada en una serie de comics que empezaron a publicarse en 1992:

La serie, emitida por primera vez en el año 2000, nos muestra la vida en Corea en los años 60 y 70 a través de una típica familia coreana. Seguimos al protagonista, Gi Yeong, un niño de 10 años que desde su día a día familiar y en la escuela nos permite observar, siempre con un tinte inocente y alegre, las miserias de la vida de postguerra antes de culminar el Milagro del Río Han, que llevaría a Corea a los primeros puestos en la economía mundial.

La premiada serie, que aún sigue emitiéndose a pesar de algunos períodos de repeticiones, gusta tanto a los niños, como a los más mayores a los que les recuerda su propia niñez y juventud.

Como detalle, la canción que abre la serie, compuesta para la misma, es ya un referente popular en Corea del Sur. Se trata de un twist, baile popularizado en los Estados Unidos de los años 60 y que fue rápidamente absorbida por la cultura coreana gracias a las numerosas bases norteamericanas en el país, que propagaron la moda americana del momento en el país asiático.

Por si os interesa, aún podréis encontrar gomusin en Corea. Las personas mayores, algunos presos y los monjes budistas los siguen llevando, por su comodidad y austeridad, símbolo de una época pasada.

Postdata: ¡No olvidéis seguir Objetivo Corea en Facebook para no perderos futuros posts!

FIN DE AÑO EN SEÚL Y UNA LEYENDA COREANA

¿Ya te conoces de memoria las decoraciones navideñas de tu ciudad? Hoy traigo algunas fotos recién traídas del centro de Seúl para que te des un paseo por la capital coreana engalanada para las fiestas.

El arroyo Cheonggyecheon decorado con las luces navideñas. Guau. Foto por: @foxhound2234

Probablemente inspirados por la cultura norteamericana, en Corea la Navidad se celebra con mucha intensidad. Menos centrada en la vertiente religiosa y más en la fiesta de familia y consumo, la Navidad es un motivo más para ir de compras en Corea del Sur. 

Árbol de Navidad instalado enfrente del Seoul City Hall, el Ayuntamiento para los amigos. Foto por: @foxhound2234

En la noche de Fin de Año, gente destacada de la política y sociedad coreana hace sonar la enorme campana de Chonggak treinta y tres veces – ¿quién quiere doce pudiendo tener treinta y tres? – y los asistentes presencian la celebración de la entrada del año ante esa campana, como en la Puerta del Sol en Madrid ante el Reloj de la Gobernación.

¿Por qué son treinta y tres campanadas? Según la tradición budista, existen treinta y tres universos, y aquellos que viven en el último tienen vidas largas y saludables. Para desear la salud de la gente, como residentes de ese universo número treinta y tres, hacen sonar la enorme campana de hierro hasta alcanzar ese número. Supongo que siempre es mejor que tomarse treinta y tres uvas. Glup.

La campana actual es una réplica de una legendaria campana perteneciente a la dinastía Shilla. Para su construcción pidieron a la gente que donara hierro o algún tipo de metal para forjarla. Cuenta la leyenda que una madre, siendo tan pobre que no tenía nada para donar, entregó a su propio hijo para formar la campana. En vez de rechazar ese donativo, añadieron al hijo a la fundición y crearon la campana. Desde entonces, la campana sonaba como un niño buscando a su madre. Por eso el nombre original de esa campana es emile chong. Chong significa campana y emi es una forma despectiva de referirse a “madre”. Tal cual.

Si las uvas no te han dado mucha suerte en los últimos años, prueba a hacerte con una campaña pequeñita (en estas fechas se pueden encontrar en muchos sitios) y empieza el año con la tradición coreana. Recuerda, treinta y tres campanadas. Ni una más, ni una menos.

Para los que no podemos asistir al evento, nos queda este vídeo de Navidad de los Kakao Friends, de los que soy fan irremediable, . Si no os suenan sus caras podéis echarles un ojo más de cerca aquí.

Postdata: ¿Cómo celebras Fin de Año en tu país o ciudad? Espero que no incluya tirar a más niños por ahí. Cuenta, cuenta…

LA FIEBRE DEL KAKAO

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Míralos bien y quédate con sus caras. Estas cucadas son uno más de la familia en Corea del Sur. Fuente: Kakao Talk

¡Hola de nuevo! Mis andanzas por el país del queso y las baguettes me han tenido un poco ocupada, pero sigo en pie y con mucha Corea en el tintero. Hoy toca hablar de Kakao Talk, una aplicación que usan alrededor de 40 millones de personas sólo en Corea. Teniendo en cuenta que yo la tengo y que por el momento no estoy por esa -nuestra querida- zona del mundo, ese número se multiplicaría por X si se tuvieran en cuenta los usuarios de fuera del país. De hecho, sólo en los EE.UU., la aplicación tiene alrededor de 3.5 millones de usuarios.

Kakao Talk empezó su andadura como servicio de mensajería instantánea en marzo del año 2010. Para el 29 de diciembre del 2011, el número de mensajes enviados via Kakao superaban el billón diario, ¡EL BILLÓN! ¡DIARIO!

Al observar las cifras provistas por la misma compañia, el crecimiento de la aplicación deja ojiplático a cualquiera. El 93% de los usuarios de smartphone surcoreanos utilizan esta app para comunicarse. En un país con un 73% de uso de smartphone, esta cifra es impresionante.

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Crecimiento del uso internacional de Kakao Talk, sólo hasta 2013. Fuente: Kakao Talk

¿Qué tiene esta aplicación de especial? Podría hablar de su funcionalidad, de su comodidad, de su interfaz amable, pero como usuaria fiel e ignorante, diría que para mí la joya de la corona son los llamados Kakao Friends, el sistema de emoji que utiliza, una serie de personajes monísimos y super expresivos que generan un brand engagement (o algo así) de dimensiones épicas.

Existe un pack base con todos los emoji de Kakao, que viene por defecto con la aplicación, pero cada cierto tiempo sacan packs especiales estacionales (San Valentín, Navidad, o verano, o pack “de oficina”) que son descargables y gratuitos durante un tiempo y que después se eliminan o se compran. Servidora ha disfrutado de esos packs temporales con ilusión, quizá por la motivación de ver en otros contextos a unos personajes que utilizas a diario. También sacan pequeñas animaciones, como el especial de Navidad de hace un año que podéis ver aquí. Vamos, que son adorables. ¿Seré yo la friki?

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En este collage-homenaje podéis ver la magnitud de los más de cien emoticonos que forman los personajes de Kakao Friends (y aún faltan algunos). He incluido un intruso: Psy de Gangnam Style, ¿podéis encontrarlo?

Creo que no, pues hasta existe una tienda Kakao en Sinchon, cerca de Hongdae, donde puedes comprar los peluches, tazas o pegatinas con los personajes de Kakao Friends, y un Kakao Café en los alrededores de Gangnam. Yo no me he pasado, pero tiene que ser toda una experiencia.

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La Kakao Store en Seúl.  Fuente: Finding the Seoul

Otro de los detalles interesantes de los emoticonos de los Kakao Friends que no todo el mundo sabe es que hacen guiños a referencias culturales, algunas muy conocidas para Occidente y otras no tanto. Aquí os dejo aquellas de las que tengo constancia. Lamento la calidad de las imagénes, es muy difícil encontrarlas en condiciones:

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De arriba abajo: La cultura japonesa de lanzar la mesa como forma de expresar descontento, el anime japonés “Slam Dunk”, película americana “8 millas”.
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De izquierda a derecha: Dragon Ball, el manga japonés Ashita no Joe, animación-cómic japonés.

Increíble, ¿verdad? La aplicación está disponible en coreano y en inglés. Ojalá me llevara comisión por decir esto pero os animo a que os la descarguéis y la probéis con aquellas personas de vuestro entorno que también tengan curiosidad por comunicarse como lo hacen día a día la mayor parte de los habitantes de Corea del Sur. ¡Contadme qué os ha parecido dejando vuestras opiniones en los comentarios!

Fundas móvil
No podía irme sin hacer una incitación coreana al consumismo. Confieso mi culpa, pero decidme que no son una monada.

Postdata: Por si os lo preguntáis, mi personaje favorito es Muzi, una “chica” que va disfrazada de conejo pero que en su interior está hecha de… nabo marinado coreano o danmuji (de ahí su nombre). Siempre va acompañada de un pequeño reptil llamado Con. Tiene sentido, ¿no?

Gracias a Kitaek Lim por su inestimable ayuda en la búsqueda de todos y cada uno de los emoticonos que componen el collage, así como por descubrirme las referencias culturales de los mismos que desconocía.

ECUADOR DE UN VIAJE

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Songdo de Noche, desde el canal del Central Park y el puente que lo cruza. 

Dos semanas largas, de dormir poco, dos semanas de exámenes y aquí estoy, en el primer martes de noviembre en Corea. No estoy tan desaparecida como cabría esperar, pero me ha gustado escuchar o leer el “¿dónde te metes?” que todos queremos recibir de vez en cuando y que nos anima a seguir cuando las energías bajan.

¿No os ha pasado nunca eso de tartamudear al intentar decir muchas cosas a la vez? Así me llevo sintiendo los últimos días que he tenido libres, cuando he podido mirar de nuevo al teclado para plantearme el seguir contando mi viaje. Pero el teclado me ha devuelto una mirada triste. Y es que quiero hablaros de Busán, que visité en un oasis entre exámenes y exámenes. Quiero empezar a dibujaros Seúl, despacio, masticando bien y sin deglutir. Quiero contaros cosas pequeñas, insignificantes, pero enormes, como el tiempo o las telarañas. Y es que ha llovido mucho sobre la lluvia que me recibió a finales de agosto y que os conté aquí.

Siento que me tiembla la voz, o el pulso, si hablamos de dedos, cuando pienso que hace ya más de diez días que dejé atrás el ecuador de mi viaje. Y es que, a día de hoy, parece que mi aventura con Corea termina más pronto que tarde, aunque nunca se sabe con certeza. Qué poco he contado, diréis. Pero qué cuánto he vivido, y eso me ha impedido contar más. Por eso, cuando el tiempo apremia, parece que es más difícil relajar las experiencias y dejar que fluyan como si no hubiese una fecha límite, amenazadora, obligándote a dejar cerrada una etapa.

Pero esta etapa por el momento no cierra, y os invito a asistir a su madurez y desarrollo. Me queda mucho por contaros, de lo que ya he vivido y de lo que aún desconozco, y os escribo esto para sentar las bases de lo que queda de Objetivo Corea: muchas más historias, muchas más fotos y todavía más anécdotas y momentos capturados en este país, que ya son míos aunque no estén plasmados y que pienso compartir con toda aquella persona que pase por aquí y me lea.

Quizás parte de la belleza de este momento es que he mirado por encima de la línea del horizonte y he visto España acercándose. Y Corea se ha convertido en un barco que ha partido ya y que me lleva de vuelta a casa, lenta, sí, pero inevitablemente. Y pienso tocar, como los músicos del Titanic, hasta que no quede cubierta y mis pies toquen un avión que no pertenezca a ningún lugar. Quedáis invitados a esta coda, o a este concierto inaugural del resto de mi vida. Lo mismo es.

Postdata: Dentro de poco subiré un vídeo a Instagram grabado en Busán no apto para todos los estómagos. Pero antes, os pediré vuestra ayuda. Os lo cuento en próximas entradas.

NUESTRA TELARAÑA, NUESTRA MADRE

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Una telaraña en un puente de estructura ultramoderna en mitad de Central Park, en Songdo.

Me llama la atención la cantidad de telarañas que he podido ver en los casi dos meses que ya llevo en Corea. No creo que sea cuestión de que en España tengamos menos arañas, pero pasan más desapercibidas y hacemos más por eliminar sus vestigio, quizás porque las asociamos a la falta de limpieza y a lo viejo. En un país sin apenas papeleras como es Corea, donde se defiende a ultraje el reciclaje y cada uno guarda su basura para tirarla en su propia casa, sorprende ver en cualquier esquina de la ciudad enormes telarañas, a veces con su inquilina descansando tranquilamente en su entramado.

Esta me llamó especialmente la atención. Una telaraña gigantesca en una ciudad diseñada y construida de la nada como es Songdo, que tiene el sistema de basuras más moderno del mundo y donde no es extraño ver pequeños droides sobrevolando las calles, grabando o haciendo fotos. En uno de los puentes que cruzan el canal de Central Park, un esqueleto de metal de menos de un lustro de vida, descansaba como si nada la telaraña que podéis ver en la foto. Impertérrita ante tanta modernidad, estática y a la vez viva. Y ahí estaba, una estructura organizada conviviendo con otra. Una de metal, otra de seda. Una natural, otra de diseño humano.

Y en esa continua búsqueda de metáforas hermosas, me pregunté si al fin y al cabo Corea del Sur no se trata de eso. Una nación bien armada en acero, brillante, moderna y funcional; de la que sin embargo penden grandes estructuras jerárquicas, sociales y culturales. Pero no nos confundamos, no hablo de lastres. Olvidando la araña que la crea y el concepto negativo asociado a las telarañas, ¿no tienen esa especie de hermosura y simetría que nos hace maravillarnos de la capacidad de la naturaleza?

Me maravilla, igualmente, el funcionamiento asiático del que Corea es un ejemplo fascinante. Por su situación geográfica, por su historia y por su ritmo actual (y por actual entendamos los últimos 60 años). Alguien me dijo que la península coreana era como la Polonia de Asia. Hablando ayer con una amiga que está de Erasmus allí, me fue imposible no establecer el paralelismo. Invadida y arrasada a lo largo de los siglos y objeto de horrorosos crímenes de guerra (veáse el caso de las mujeres de confort, cuya historia aún es insuficientemente reconocida por el gobierno de Japón). En el caso de Corea, escindida cruentamente en dos de forma artificial y devastadora, con una consecuente guerra subsidiaria, que oficialmente sigue abierta, aunque ya desfasada y triste. El estado actual de las dos Coreas es un gramófono que sigue sonando con un disco rayado, cuando hace tiempo que los bailarines principales abandonaron la pista. Si os apetece una visión de conjunto, para mi gusto muy documentada, acertada e imparcial, podéis echarle un ojo a este genial post de Paella de Kimchi.

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“Masacre en Corea”, pintado por Picasso en 1951, fuertemente inspirado en la famosa obra de Goya. Fue recibido fríamente por la crítica y estuvo prohibido en Corea del Sur hasta 1990, por ser considerado antiestadounidense.

Por todo esto, una no puede dejar de empatizar con Corea y hacer por entender muchas de las costumbres de este lugar que por el siglo XVII era conocido como el “Reino Ermitaño”. Corea se siente orgullosa de sus telarañas como se siente de sus tradiciones y su cultura -a pesar de que no dejen de maravillarse cuando un occidental balbucea algo en coreano-. Y siguiendo el hilo -la telaraña- del idioma, no me canso de afirmar que éste nos regala grandes muestras de pensamiento colectivo, convirtiendo su estudio en la forma definitiva de inmersión en una cultura.

Precisamente en clase de coreano fue cuando terminé de cerrar el círculo de la telaraña, cuando hace unos días aprendí que al hablar de los miembros de la familia no se usa che que es el equivalente al posesivo mi. En su lugar, se usa la palabra uri que significa nuestro. Nuestros padres, nuestros abuelos. Yo, como denostada hija única, dirigí a mi profesora la pregunta: “¿Y si mi madre es sólo mi madre, porque no tengo hermanos, puedo usar che?” Ella, con apenas unos milisegundos de vacilación me respondió: “Usa uri. Es costumbre.”

Postdata: Otro día hablaremos de las moscas que se posan en las telarañas. O quizás no.

ÍDOLOS Y FENÓMENO KPOP

Concierto Kpop
La pantalla gigante nos devuelve la imagen de un chico de pelo oxigenado de cuyo nombre no puedo acordarme. En segundo plano, él y su su grupo: Exo-K. Ídolos adolescentes.

No hace falta que diga que he estado un poco desaparecida. He estado enferma primero, y muy ocupada después. Es una paradoja, cuantas más cosas se tienen para contar, menos tiempo hay para contarlas. Después necesitas un tiempo para procesarlas, para contártelas a ti misma y elaborar tu propio resumen. Y sólo después, en mi caso, puedes lanzarte a intentar transmitírselo al mundo.

Mientras dure esta aventura coreana, Songdo, de la que hablo aquí, es mi centro de operaciones. Pertenece a la ciudad de Incheon, en la que ahora se celebran los Juegos Asiáticos, que comenzaron el pasado día 19 de septiembre y que seguirán hasta el 4 de octubre. El miércoles 17 tuvo lugar un concierto de inauguración, precisamente en Songdo. El cartel estaba formado por grandes nombres del k-pop, como Exo-K, Teen Pop, BTS, 4minute, Tiara, Kara, Red Velvet, entre muchísimos otros. Y servidora estuvo allí.

Si hablamos de un fenómeno como el k-pop, no vale el manido “defínelo en tres palabras”. Es cierto que lo mío son las letras, pero me siento satisfecha de tener un nivel controlado de mediocridad con una cámara en las manos. En este caso, la foto vino a mí, y yo sólo pulsé el botón gordo. Mi cámara apuntaba al escenario, pero una fanática se interpuso, móvil en mano, y el autofocus hizo el resto. Y me regaló un bocado, imperfecto y mal enfocado de la tarta del k-pop. Una tarta llena de merengue y colorines.

La mirada se dirige hacia un elemento luminoso, conocido como light stick, un elemento antropológicamente fascinante. Cada grupo de k-pop tiene asignado un color del Pantone. Durante los conciertos, se ondean al aire, haciendo ver los colores del grupo favorito, creando una especie de sentimiento de afiliación pseudodeportiva basada en los colores. El que observamos en la foto es de un color blanco brillante, lo que nos permite identificarlo con Exo, el grupo que aparece saludando en un segundo plano.

Exo, ese grupo que las vuelve locas. Niñas, adolescentes, adultas. Nos obligaron a estar sentados durante todo el concierto y a no levantar demasiado los brazos. Y todo el mundo cumplió. Entonces sale Exo al escenario y el equipo de seguridad se ve desbordado por manadas de hembras corriendo hacia el escenario. Y yo, que estoy aquí para empaparme de la cultura, me uno a la llamada. Un descontrol previsto, pero aún así impresionante, se apropia de la atmósfera. Un gorila me indica amablemente que vuelva a mi asiento. Creo que por no tener suficiente fiebre en la mirada.

Kpop
No todo el mundo es sensible a la locura del Kpop.

Y ahora tocaría que alguien preguntara: “¿y qué tal es la música?” Bueno, podemos dejarlo en que, en el caso del k-pop, la música es lo de menos.

Postdata: Podéis ver alguna foto más en Instagram. La información cultural ha sido posible gracias a mi eonni Belén, y mi chingu Jaime, que me han enseñado todo lo que sé sobre el k-pop.

HABLAR DEL TIEMPO

Es posible que a al hora de hablar de trivialidades, el tiempo se lleve la palma. Si está nublado, soleado, si parece que va a llover o si han dicho que este fin de semana refresca son los puntos de debate básicos en todo ascensor o cola de panadería que se precie. Esta temática es poco sustancial cuando, después de años de asentamiento, te haces con la climatología de un lugar. Pero vital cuando acabas de llegar a un sitio nuevo.

Me he puesto mala. Mocos, tos, dolor de cabeza, de oído. Un completo. ¿Por qué? Bueno, a los humanos nos encanta encontrarle motivos a todo, y yo se lo he encontrado. Queridos coreanos, el aire acondicionado no es esencial para la vida humana. Me parece impresionante que la cultura del reciclado esté tan asentada como para que resulte amenazante tirar un papel a la basura orgánica en un momento de prisa, pero no tengan reparo en poner el aire acondicionado altísimo en una de esas típicas aulas gigantes con forma de teatro griego de las películas americanas. Sentir la piel de gallina durante cuatro horas de clase ha desembocado en desastre. Y aquí estoy, pagando la novatada de no considerar necesario llevar una chaqueta a clase a mediados de septiembre.

Así que llevo varios días disfrutando de los beneficios de mi residencia, billar, ordenadores, cómodas mesas de estudio y otros. Me estoy poniendo al día con las asignaturas y estoy teniendo tiempo para reflexionar sobre la vida. O para no hacer nada en absoluto.

Mientras tanto, el sorteo del cuaderno del conejo rodeado de patos (que podéis ver aquí) sigue abierto. Sólo quedan tres días y aún podéis participar para que alguno de vosotros lo reciba en su casa y se convierta en un miembro más de la familia. Os recuerdo que hace falta seguir todos los pasos que aparecen en ese post, incluyendo el de hacer un comentario en la entrada en el muro de Facebook, pues el sorteo sólo se realizará entre los comentarios presentados.

Postdata: Este miércoles hay un evento muy especial en mi agenda cultural coreana. Aunque, como todavía está un poco en entredicho, no lo desvelaré hasta que haga mi análisis posterior, que veréis por aquí.

REGALO COREANO

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Esta libreta – aún sin abrir – de patitos coreanos rodeando a un conejo-tortuga antropomorfo puede ser tuya si sigues leyendo. El boli no. El boli es mío.

Mañana ya es viernes, empiezo las clases de coreano (¡por fin!) y hay una fiesta de bienvenida para estudiantes internacionales, para la que tengo pase VIP gracias a un sorteo en el que tardé varios minutos en procesar qué es lo que había ganado.

La cosa fue así. Chico coreano sonriendo y ofreciéndome un sobre. Yo sonriendo y rechazándolo. El público expectante. Él sonriendo aún más y poniéndomelo en la mano. Yo cogiéndolo a regañadientes. Pide un aplauso y el público se lo regala con ganas. Aparece una cámara de la nada y nos hace una foto. Flash. Vuelvo a mi asiento sin entender nada y sin dar ni las gracias. Mi compañero de silla me dice: ¡Niña, que te ha tocado una entrada gratis para la fiesta! Y ahí está mi cara de panoli inmortalizada en la foto para toda la eternidad.

Total, que he encontrado una solución ideal para limpiar mi karma. El otro día en Seúl me pasé por Ssamziegil, un icónico centro comercial al aire libre en el mítico barrio de Insadong, donde venden todo tipo de cosas bonitas Made in Korea, con diseños únicos en el mundo. Mi presupuesto de momento me impidió arrasar con todo, pero en una papelería increíble rescaté esta libreta.

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El pato coreano de la llamarada está diciendo algo como “Cua-ang” y el que mira fijamente se está preguntando “¿Cue-ek?”

Decidme que no quedaría bonita en vuestro cuarto. Podéis escribir en ella vuestros relatos más intensos, pegar fotos de vuestro perro o simplemente colocarla como obra de arte contemporánea en vuestra estantería. Lo que queráis, porque es para uno de vosotros. Regalazo, oigan.

¿Qué hay que hacer? Pues nada original. En la página de Facebook de Objetivo Corea he colgado una entrada sobre estos patitos. Los pasos son:

1. Pincha en Me Gusta en la página. Si ya lo has hecho en otra ocasión, pasa directamente al siguiente paso.

2. Comparte la entrada de los patitos en tu biografía. Sé que es un coñazo, pero así me ayudas a llegar a más gente interesada en Corea y además tu muro se verá plagado de encantadores patitos asesinos. Dos por uno.

3. Deja un comentario en la entrada de los patitos contándome que harías con esta libreta. ¡Esto es muy importante, pues el regalo será para una de las personas que comenten! Se valorará la originalidad, así como la rapidez. En caso de empate técnico en magia literaria, irá por sorteo.

4. Dentro de una semana anunciaré la persona ganadora. A continuación, servidora se irá a la oficina de correos más cercana y el afortunado o afortunada recibirá mi obsequio en la dirección que me diga. Totalmente gratis. En cualquier lugar del mundo hispanohablante.

Os dejo una última foto para abrir boca:

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Por detrás también tiene patos por todas partes. Pero en el centro tiene sorpresa… hay que conseguirla para verla.

*Sólo válido para habitantes de países de habla hispana.
*Facebook no tiene la culpa de mis idas de olla, así que le exonero de toda responsabilidad.
*No apto para personas sensibles a la película “Los pájaros”.