BUCHEON, DESOLADA CIUDAD POETA

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“¿Pesa, no? Prueba a empezar con algo un poco más ligero” Bucheon. Foto: @foxhound2234

Tengo mucho que contar de Seúl, sin duda, pero hay ya mucho escrito, y he preferido dejarlo para más adelante. Porque hay una ciudad que me ha fascinado, por sorpresa, y quizás por eso, pues al no esperar nada de ella ha calado mejor y más profundo en mis sentidos.

Seguro que a más de uno el nombre de Bucheon le deja indiferente. Un Google y una Wikipedia después, quizás aumente algo la información, pero la indiferencia seguirá presente. Bucheon es la ciudad sandwich. Por un lado, el puerto metropolitano de Incheon -con su famoso aeropuerto internacional, puerta de entrada al país, votado por nueve años consecutivos como el mejor aeropuerto del mundo por la Airports Council International-; por el otro, el enorme espejo pulido en el que reflejarse para todas las ciudades de Corea: la voraz e insuperable Seúl, observando, desde el noreste, como una hermana mayor condescendiente.

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Una hilera de ferreterías, cerradas, una por una, hasta llegar convertir una calle en fantasma. El ayuntamiento ha promovido las pinturas que se ven, en un intento de refrescar el ambiente desolador. Bucheon. Foto: @foxhound2234

Como sabéis, mi punto de partida fue la ciudad artificial de Songdo (aquí os hablo sobre esta ciudad de película), donde se encuentra mi alma máter en Corea, la Universidad de Incheon. En la otra cara, Seúl, baluarte de lo impresionante, de lo fantástico y de lo luminoso. Seúl es a veces un hermoso escaparate, lleno de vida, sí, pero configurado y mimado como un hijo prodigio. En ambos casos he asistido a lo magnífico, lo diseñado y planeado. La aspiración a la perfección. Bucheon se muestra como es, en ocasiones toda luces y ruido y en otras abandonada y vacía, pero viva.

Basada en Bucheon es la colección de relatos cortos que encumbró a la autora nacional Yang Gui-Ja, Los vecinos de Wonmi-dong, donde relata la vida en la periferia de la rutilante capital, centrándose en esta ciudad que el año pasado cumplió su centenario. Y es que en 1914, durante la ocupación japonesa, tomaron el “Bu” de Bupyeong, centro neurálgico de Incheon y el “Cheon” de esta última para crear el área administrativa de Bucheon, una ciudad satélite de Seúl. Antiguamente conocida por su producción del melocotón (de ahí que el símbolo clásico de la ciudad sea una abstracción de la flor del mismo), en los últimos años se ha centrado en la industria cultural: películas, animación, música y cómic entre otros.  Eso  ha provocado el cambio del apodo de la ciudad de “Villa del Melocotón” (복사골 en coreano antiguo) a “Fantasia”.

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Una central de reciclaje, en la que se lee el nombre de la empresa en mostaza. Bucheon. Foto: @foxhound2234

Como joya local, el PIFAN, el festival de cine fantástico de Bucheon, que tendrá en 2015 su decimonovena edición. “Amor, Fantasía y Aventura” es la temática del mismo. El festival se centra en películas internacionales de la llamada serie B, tanto clásicos de los años 80 de fuera de la escena de Hollywood, como filmes surcoreanos y del sureste asiático de géneros horror, thriller y fantasía mayoritariamente. No os perdáis los carteles de todas las ediciones, pues son auténticas joyas. Podéis echarles un ojo AQUÍ

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En verde se lee “Nostalgia”, la obra más famosa de Cheong Chi-yong, un poeta famoso por sus composiciones revolucionarias contra el régimen japonés. A su lado, una placa nos informa de que Cheong vivió en ese edificio durante tres años, “durante las horas más oscuras”, esto es, la era de la colonización japonesa. Foto: @foxhound2234

Pasear por las calles de Bucheon a veces puede ser como hacerlo por una pequeña Seúl, su vecina a apenas media hora de metro; pero en otras partes se deja ver una nostalgia de tiempos mejores, mitad pasados y mitad por venir. Antes de la prohibición (o mejor llamada enmascaramiento) de la prostitución en el año 2004, Bucheon, a medio camino entre la gran ciudad y el puerto, era un centro de “reposo del guerrero” para militares en períodos de descanso. Aún a día de hoy la ciudad es llamada “Harén” Bucheon por las generaciones más jóvenes, haciendo referencia a la cantidad de bares y negocios relacionados con el ocio y el entretenimiento de toda clase.

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Zona de entretenimiento, de las muchas que hay por la ciudad. Curiosamente, este famoso bar está enfrente de una iglesia. Bucheon. Foto: @foxhound2234

No sabría de la existencia de esto de no haber conocido a @foxhound2234, un estudiante coreano que lleva viviendo allí desde hace más de 16 años y que me ha informado sobre la historia de la ciudad, además de llevarme a muchos de sus sitios más característicos. También es el autor de todas las fotos que ilustran este post, hasta ahora inéditas y que me ha cedido al contarle quería hablaros de esta ciudad. Cuando le pregunto qué es lo que más le gusta de vivir en Bucheon me responde: “El festival, en verano. Recuerdo un pase nocturno de El Resplandor en uno de los cines habilitados, después un documental sobre el filme y por último, el paseo de vuelta a casa al amanecer.”

Postdata: Para ver más fotos inéditas de Bucheon, Seúl y alrededores, no os perdáis su cuenta de Instagram, en las que recoge pequeñas instantáneas del día a día en Corea.

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CUENTACUENTOS Y PARÉNTESIS

Otoño y lluvia en una aldea tradicional. Un minuto de silencio por la cámara que tomó está foto.
Otoño y lluvia en una aldea tradicional. Un minuto de silencio por la cámara que tomó está foto. Estés donde estés no te olvidaré.

Ha pasado más de un mes desde mi última entrada y, acercándome peligrosamente a los dos meses, una cifra más que suficiente para dar por muerto a cualquiera, he decidido romper el silencio de una vez y contaros. Contaros mucho. Os voy a confesar mis Cuatro Nobles Verdades, permitiéndome parafrasear a la tradición budista.

La Primera Verdad es que hacia finales de noviembre y hasta diciembre mi actividad se multiplicó por sí misma varias veces. Primero, porque se acercaban los exámenes y tenía demasiado acumulado y segundo porque comencé a preparar papeles y fuerzas para postular para un trabajo en la Organización de Turismo de Corea. Como iba superando las pruebas, de una semana para otra tenía mucho en lo que pensar, y aunque mantuve un buen ritmo de publicaciones en Instagram, el blog quedó en un segundo plano. Finalmente, tras llegar a entrevista, decidieron que no contaban conmigo, cortándome mi continuación en el país de la morning calm. También participé en un concurso de ensayo, en el que hice un pequeño escrito sobre Songdo -la ciudad de la que os hablé aquí-, en el que me dieron la enormísima alegría de obtener el tercer premio. Ni siquiera pude acudir a la ceremonia de entrega. No por ir de alternativa de la vida, que también, sino porque tenía justo un examen de coreano esa tarde.

La Segunda Verdad es que el día 21 de diciembre salía mi avión para España, vía Londres. Sin trabajo, ni perspectivas aquí a corto plazo, era ya un regreso, con toda la propiedad de la palabra. Así que las compras, las despedidas y un lento striptease del corazón me fue ocupando el tiempo y la mente. Y con el temor clásico a una despedida melodrámatica, opté por un silencio diplomático.

La Tercera Verdad, como habréis deducido, es que estoy en España. A las siete de la mañana de mi partida llevaba una maleta que pesaba más que al venir y demasiadas mochilas a la espalda. Y caía tal cantidad de nieve que parecía de pega. Llegué con lluvia y me marcho con nieve, pensé, y qué risas y qué pena. Puedo decir que no lloré, por decir algo, aunque no signifique mucho.

La Cuarta Verdad es que mi compañera de cuarto no se ha despedido de mí, ni yo de ella. En un punto romántico, quizás una metáfora, ella me dijo: “de ti no me despido” entre risas y un “te veo el sábado”. Y llegó ese tal sábado y tuve que sacar su maleta al pasillo porque nos echaban. E irme…

Así que me digo que, ya que no hubo despedida, tampoco la tuve de Corea. Quizás por eso no he llorado. Mi corazón sigue desnudo pero se está tomando medidas para un hanbok y mi futuro me huele a pasta de judías. No lo sé, quizás es que he querido tener una aventura con Corea y ahora no puedo dejar de pensar en ella. Lo mismo me he enamorado y no me he dado cuenta.

Un niño sostiene un paraguas desproporcionado. Dentro de unos años se pasará a un móvil de las mismas características.
Un niño sostiene un paraguas desproporcionado para su tamaño. Dentro de unos años se pasará a un móvil de las mismas características.

AL GRANO:

¿Se va a cerrar el blog? No, el blog seguirá abierto y seguiré subiendo cosas, cosas que he ido anotando a lo largo de estos meses, sacando a la luz todo el material sobre mis impresiones de sitios, de la gente y los lugares que Corea me ha ofrecido. Os seguiré contando de vez en cuando, con el material que tengo acumulado, de la forma en la que siempre lo he hecho. Lógicamente, el ritmo será más bajo. Al menos… mientras no vuelva a Corea.

¿Qué pasa con la cuenta de Instagram? Tengo aún algunas fotos por ahí que mostraros, pero ya no podré subir cada día como he ido haciendo hasta que se acercó el momento de marcharme. Seguirá en funcionamiento y con muchas ganas de volver a estar 100% activa. Mientras tanto podréis seguirme en la nueva que tengo, esta más personal, que os dejo más abajo.

¿Qué vas a hacer ahora con tu vida? Si alguno os estáis preguntando esto, mil gracias por el interés. Lo cierto es que no pararé mucho en España. Dentro de unos diez días me voy al norte de Francia unos meses, de nuevo con una beca y con la sana intención de aprender el idioma. Aunque me voy con un poco de corazón roto, tengo mucha ilusión por seguir enseñándonos lo que me iré encontrando. Para ello podéis seguirme en mi recién estrenada cuenta de Instagram (@nhoau).

¿Eso quiere decir que habrá un Objetivo Francia? No, me temo que no. Hay ya mucha información sobre Francia y la cultura francesa está tan arraigada en nuestras cabecitas que no me resulta un contraste tan interesante como para impulsarme a contaros. Además, tengo otros proyectos en mente que requieren un teclado, por lo que si en un momento dado os apetece seguir leyéndome os haré llegar todo lo que vaya escribiendo en distintos medios.

¿Entonces cómo nos vas a contar sobre lo que te va pasando? Bueno, como os he comentado, ahora también tengo una cuenta de Instagram más informal, donde os iré mostrando como son las cosas en España y en Francia, y por donde pase, al mismo ritmo que me he marcado en Objetivo Corea. Os invito a que me sigáis si os apetece saber más de mí y de mis circunstancias. Mi usuario es @nhoau. También podréis seguirme en mi cuenta de Twitter: @nhoaurquia. Y por supuesto, en este mismo blog.

Pero, ¿no vas a volver a Corea? Eso nunca se puede saber, aunque os puedo decir que mi intención es hacerlo. Pero de momento, en mi camino se ha cruzado Francia y es lo que toca. Sí os digo que pienso retomar el coreano según vuelva de Francia… y ahí lo dejo.

En cualquier caso os iré contando por aquí, porque esto no es una despedida, sino un paréntesis que lleva a otra gran frase. Podéis dejarme en los comentarios cualquier pregunta o duda sobre el país del kimchi, que me llegará directamente a mi bandeja de entrada. Nos seguimos viendo. En Objetivo Corea y en todo lo demás (Twitter e Instagram). Y no, de vosotros tampoco me despido…

Postdata: He perdido mi cámara. O me la han robado. Seguramente en el aeropuerto de Gatwick en mi escala en Londres, aunque es un misterio. Si alguien la ve que mande saludos. Junto con las fotos que se quedaron dentro. Snif.

UNA OFERTA PARA NO RECHAZAR

Hoy, os lo digo claro, necesito un favor. Vosotros, los que me leéis, tanto los silenciosos como los que compartís conmigo vuestra opinión, sois los que podéis echarme un cable.

Que me gusta viajar, me gusta hacer fotos y me gusta escribir ya lo sabéis. Que aquí en Corea estoy disfrutando como una enana mostrándonos día a día mis aventuras, también.

No, no os voy a pedir un Me Gusta en Facebook, o que me sigáis en Twitter. Eso lo he dejado a vuestra elección desde el principio. La cuestión es que ha salido un concurso para ir a Sudamérica y documentarlo con una cámara y un blog. Tan simple como eso. Supongo que ya sabéis por donde voy, pero el caso es que me gustaría intentarlo.

De modo que, sin dar más la chapa, a ti, mi lector o lectora: si en algún momento has disfrutado de lo que has visto o leído en esta locura que es Objetivo Corea, puedes darme un apoyo que sólo te costará un click de ratón, desde la comodidad de tu cama o tu silla giratoria. Si piensas que puedo ser una buena candidata a relatar un viaje por Sudamérica, vótame aquí y pídele a algunos de tus amigos, pareja, abuelos, mascotas con Facebook que me voten.

Para hacerlo más divertido, he establecido un sistema de recompensas por vuestros votos.

200 votos: Ya que hoy es el Pepero Day, subiré a Twitter un selfie relacionado con este día. Risas aseguradas.

500 votos: Un vídeo donde aparezco comiendo pulpo vivo en Busán. Solo apto para estómagos curiosos.

1000 votos: Un vídeo-respuesta en Youtube, grabado en mi Uni, donde responderé a las dudas que me hayáis mandado previamente sobre Corea, estudiar en Corea y los coreanos y coreanas. Una ocasión perfecta para preguntar aquello que siempre quisiste saber y nunca te atreviste a preguntar sobre Corea.

+1500 votos: Mi amor incondicional y algo improvisado e impactante.

Si os decidís a votarme, ¡daos prisa! Hay hasta el 30 de  noviembre, y he entrado bastante tarde en el concurso, por falta de tiempo. Os dejo de nuevo el link aquí abajo para que lo tengáis más a mano:

http://www.destinosudamerica.com/concurso-participante/?dsaceid=eHwzNjQx

Mil gracias a todos, iré informando por Facebook y Twitter de las novedades

ECUADOR DE UN VIAJE

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Songdo de Noche, desde el canal del Central Park y el puente que lo cruza. 

Dos semanas largas, de dormir poco, dos semanas de exámenes y aquí estoy, en el primer martes de noviembre en Corea. No estoy tan desaparecida como cabría esperar, pero me ha gustado escuchar o leer el “¿dónde te metes?” que todos queremos recibir de vez en cuando y que nos anima a seguir cuando las energías bajan.

¿No os ha pasado nunca eso de tartamudear al intentar decir muchas cosas a la vez? Así me llevo sintiendo los últimos días que he tenido libres, cuando he podido mirar de nuevo al teclado para plantearme el seguir contando mi viaje. Pero el teclado me ha devuelto una mirada triste. Y es que quiero hablaros de Busán, que visité en un oasis entre exámenes y exámenes. Quiero empezar a dibujaros Seúl, despacio, masticando bien y sin deglutir. Quiero contaros cosas pequeñas, insignificantes, pero enormes, como el tiempo o las telarañas. Y es que ha llovido mucho sobre la lluvia que me recibió a finales de agosto y que os conté aquí.

Siento que me tiembla la voz, o el pulso, si hablamos de dedos, cuando pienso que hace ya más de diez días que dejé atrás el ecuador de mi viaje. Y es que, a día de hoy, parece que mi aventura con Corea termina más pronto que tarde, aunque nunca se sabe con certeza. Qué poco he contado, diréis. Pero qué cuánto he vivido, y eso me ha impedido contar más. Por eso, cuando el tiempo apremia, parece que es más difícil relajar las experiencias y dejar que fluyan como si no hubiese una fecha límite, amenazadora, obligándote a dejar cerrada una etapa.

Pero esta etapa por el momento no cierra, y os invito a asistir a su madurez y desarrollo. Me queda mucho por contaros, de lo que ya he vivido y de lo que aún desconozco, y os escribo esto para sentar las bases de lo que queda de Objetivo Corea: muchas más historias, muchas más fotos y todavía más anécdotas y momentos capturados en este país, que ya son míos aunque no estén plasmados y que pienso compartir con toda aquella persona que pase por aquí y me lea.

Quizás parte de la belleza de este momento es que he mirado por encima de la línea del horizonte y he visto España acercándose. Y Corea se ha convertido en un barco que ha partido ya y que me lleva de vuelta a casa, lenta, sí, pero inevitablemente. Y pienso tocar, como los músicos del Titanic, hasta que no quede cubierta y mis pies toquen un avión que no pertenezca a ningún lugar. Quedáis invitados a esta coda, o a este concierto inaugural del resto de mi vida. Lo mismo es.

Postdata: Dentro de poco subiré un vídeo a Instagram grabado en Busán no apto para todos los estómagos. Pero antes, os pediré vuestra ayuda. Os lo cuento en próximas entradas.

NUESTRA TELARAÑA, NUESTRA MADRE

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Una telaraña en un puente de estructura ultramoderna en mitad de Central Park, en Songdo.

Me llama la atención la cantidad de telarañas que he podido ver en los casi dos meses que ya llevo en Corea. No creo que sea cuestión de que en España tengamos menos arañas, pero pasan más desapercibidas y hacemos más por eliminar sus vestigio, quizás porque las asociamos a la falta de limpieza y a lo viejo. En un país sin apenas papeleras como es Corea, donde se defiende a ultraje el reciclaje y cada uno guarda su basura para tirarla en su propia casa, sorprende ver en cualquier esquina de la ciudad enormes telarañas, a veces con su inquilina descansando tranquilamente en su entramado.

Esta me llamó especialmente la atención. Una telaraña gigantesca en una ciudad diseñada y construida de la nada como es Songdo, que tiene el sistema de basuras más moderno del mundo y donde no es extraño ver pequeños droides sobrevolando las calles, grabando o haciendo fotos. En uno de los puentes que cruzan el canal de Central Park, un esqueleto de metal de menos de un lustro de vida, descansaba como si nada la telaraña que podéis ver en la foto. Impertérrita ante tanta modernidad, estática y a la vez viva. Y ahí estaba, una estructura organizada conviviendo con otra. Una de metal, otra de seda. Una natural, otra de diseño humano.

Y en esa continua búsqueda de metáforas hermosas, me pregunté si al fin y al cabo Corea del Sur no se trata de eso. Una nación bien armada en acero, brillante, moderna y funcional; de la que sin embargo penden grandes estructuras jerárquicas, sociales y culturales. Pero no nos confundamos, no hablo de lastres. Olvidando la araña que la crea y el concepto negativo asociado a las telarañas, ¿no tienen esa especie de hermosura y simetría que nos hace maravillarnos de la capacidad de la naturaleza?

Me maravilla, igualmente, el funcionamiento asiático del que Corea es un ejemplo fascinante. Por su situación geográfica, por su historia y por su ritmo actual (y por actual entendamos los últimos 60 años). Alguien me dijo que la península coreana era como la Polonia de Asia. Hablando ayer con una amiga que está de Erasmus allí, me fue imposible no establecer el paralelismo. Invadida y arrasada a lo largo de los siglos y objeto de horrorosos crímenes de guerra (veáse el caso de las mujeres de confort, cuya historia aún es insuficientemente reconocida por el gobierno de Japón). En el caso de Corea, escindida cruentamente en dos de forma artificial y devastadora, con una consecuente guerra subsidiaria, que oficialmente sigue abierta, aunque ya desfasada y triste. El estado actual de las dos Coreas es un gramófono que sigue sonando con un disco rayado, cuando hace tiempo que los bailarines principales abandonaron la pista. Si os apetece una visión de conjunto, para mi gusto muy documentada, acertada e imparcial, podéis echarle un ojo a este genial post de Paella de Kimchi.

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“Masacre en Corea”, pintado por Picasso en 1951, fuertemente inspirado en la famosa obra de Goya. Fue recibido fríamente por la crítica y estuvo prohibido en Corea del Sur hasta 1990, por ser considerado antiestadounidense.

Por todo esto, una no puede dejar de empatizar con Corea y hacer por entender muchas de las costumbres de este lugar que por el siglo XVII era conocido como el “Reino Ermitaño”. Corea se siente orgullosa de sus telarañas como se siente de sus tradiciones y su cultura -a pesar de que no dejen de maravillarse cuando un occidental balbucea algo en coreano-. Y siguiendo el hilo -la telaraña- del idioma, no me canso de afirmar que éste nos regala grandes muestras de pensamiento colectivo, convirtiendo su estudio en la forma definitiva de inmersión en una cultura.

Precisamente en clase de coreano fue cuando terminé de cerrar el círculo de la telaraña, cuando hace unos días aprendí que al hablar de los miembros de la familia no se usa che que es el equivalente al posesivo mi. En su lugar, se usa la palabra uri que significa nuestro. Nuestros padres, nuestros abuelos. Yo, como denostada hija única, dirigí a mi profesora la pregunta: “¿Y si mi madre es sólo mi madre, porque no tengo hermanos, puedo usar che?” Ella, con apenas unos milisegundos de vacilación me respondió: “Usa uri. Es costumbre.”

Postdata: Otro día hablaremos de las moscas que se posan en las telarañas. O quizás no.

MAMÁ, SOY MODELO

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Y aquí me podéis ver, intentando aparentar que me paseo con 15kg de ropa todos los días.

En las cinco grandes dimensiones de la personalidad se contempla una llamada “Apertura a la experiencia”. Y siempre ha sido aquella en la que me siento más retratada, aquella en la siento que puedo romper las gráficas y agruparme con el percentil más alejado de la media. Teniendo en cuenta que soy una habitante de provincias que os escribe desde el Lejano Oriente, podemos descartar la posibilidad de que me esté tirando el rollo. Como yo, muchos tenemos la capacidad de hacer aquello que coloquialmente se conoce como “apuntarse a un bombardeo”. Eso es sin duda un elemento esencial para las cosas que durante mi vida he tenido oportunidad de hacer. No creo que vengan a mí situaciones especialmente extrañas, sino que simplemente me siento abierta a dejar que entren dentro para sentarme a jugar con ellas un par de manos.

Como que, al salir de dos horas de coreano, un chico me pregunte si me puede hacer unas fotos. Por supuesto que la cultura popular y las películas de sobremesa me llevan a pronunciar un no rotundo desde el minuto uno. Pero entonces me cuenta más, desesperado con su inglés escaso, y un colega suyo me traduce y todo empieza a hilarse. Claro, házmelas.

Esa misma noche me llega un Kakao Talk (el WhatsApp coreano) de una chica que me pregunta por mi altura y me pide más fotos. Y al día siguiente me planto en una estación de metro llamada Myeonghak, la más cercana a la Sungkyul University, donde una semana después se celebra el desfile de graduación de la última promoción de Diseño de Moda y Belleza.

Y una suiza, cuatro alemanas, una noruega, una lituana y una española entran en un bar… y les ponen una tarta a forma de vestido. Soy la única de pelo oscuro y como tal me plantan uno de terciopelo rojo y tafetán blanco. Yo feliz. Viva España y viva yo, porque el vestido me sienta como un guante. Tomar medidas para las últimas puntadas, fotos de la cara para el diseño de maquillaje, y salir a un restaurante a tener la mayor comilona que he tenido desde que estoy en Corea.

Una semana después, la locura. Las seis de la mañana en pie, maquillaje, pelo, más maquillaje- ya soy oficialmente coreana, pues he sido capaz de quedarme dormida en circunstancias extremas, como teniendo una plancha del pelo a 900000 grados Fahrenheit a escasos milímetros de mi cara-, comer un kimbap rumiando más que masticando para no destrozar el maquillaje y, lo más importante, practicar el garbo una y otra vez subida a unos tacones como el Hallasan llevando cuatro capas de tela gruesa encima. Todo ello me autoriza para empatizar con ese tópico que nadie nos creemos: ser modelo es duro.

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Mientras esta foto era tomada, yo estaba empezando a volver a respirar.

Sonríe, pero no mucho, sostén el vestido, pero sin levantarlo demasiado, al llegar a tal sitio mira a la derecha, a la izquierda en tal otro, cuenta los pasos, intenta parecer natural, lleva el ritmo de la música. A la hora de la verdad, cuando tenía ante mí una pasarela a cada segundo más larga y unos focos rellenando mi solicitud para la ONCE, mi única meta era no caerme.

Todo salió bien (una de las alemanas no tuvo tanto suerte) y salvé la cara. Puedo decir que representé dignamente mi país en la metáfora del clásico chiste. Lo más bonito fue que mis compañeros de Málaga vinieron a verme y hacerme fotos (gracias a Primi por las fotos de esta entrada) y a dar el cante gritándome obscenidades que me llegaron al corazón. Después del desfile, a cenar mandu, y a casita. Tarde siglos en quitarme el maquillaje, que podéis ver en detalle en Instagram.

¿Que si me pagaron? Pues sí, y muy bien de hecho. Y hasta ahí voy a contar. Que se rompe la magia.

Postdata: Gracias a esto he descubierto que a mis homólogas de hace varios siglos les costaba respirar, les costaba comer, les costaba andar, les costaba sentarse y les costaba vivir. Un aplauso silencioso por ellas.

ÍDOLOS Y FENÓMENO KPOP

Concierto Kpop
La pantalla gigante nos devuelve la imagen de un chico de pelo oxigenado de cuyo nombre no puedo acordarme. En segundo plano, él y su su grupo: Exo-K. Ídolos adolescentes.

No hace falta que diga que he estado un poco desaparecida. He estado enferma primero, y muy ocupada después. Es una paradoja, cuantas más cosas se tienen para contar, menos tiempo hay para contarlas. Después necesitas un tiempo para procesarlas, para contártelas a ti misma y elaborar tu propio resumen. Y sólo después, en mi caso, puedes lanzarte a intentar transmitírselo al mundo.

Mientras dure esta aventura coreana, Songdo, de la que hablo aquí, es mi centro de operaciones. Pertenece a la ciudad de Incheon, en la que ahora se celebran los Juegos Asiáticos, que comenzaron el pasado día 19 de septiembre y que seguirán hasta el 4 de octubre. El miércoles 17 tuvo lugar un concierto de inauguración, precisamente en Songdo. El cartel estaba formado por grandes nombres del k-pop, como Exo-K, Teen Pop, BTS, 4minute, Tiara, Kara, Red Velvet, entre muchísimos otros. Y servidora estuvo allí.

Si hablamos de un fenómeno como el k-pop, no vale el manido “defínelo en tres palabras”. Es cierto que lo mío son las letras, pero me siento satisfecha de tener un nivel controlado de mediocridad con una cámara en las manos. En este caso, la foto vino a mí, y yo sólo pulsé el botón gordo. Mi cámara apuntaba al escenario, pero una fanática se interpuso, móvil en mano, y el autofocus hizo el resto. Y me regaló un bocado, imperfecto y mal enfocado de la tarta del k-pop. Una tarta llena de merengue y colorines.

La mirada se dirige hacia un elemento luminoso, conocido como light stick, un elemento antropológicamente fascinante. Cada grupo de k-pop tiene asignado un color del Pantone. Durante los conciertos, se ondean al aire, haciendo ver los colores del grupo favorito, creando una especie de sentimiento de afiliación pseudodeportiva basada en los colores. El que observamos en la foto es de un color blanco brillante, lo que nos permite identificarlo con Exo, el grupo que aparece saludando en un segundo plano.

Exo, ese grupo que las vuelve locas. Niñas, adolescentes, adultas. Nos obligaron a estar sentados durante todo el concierto y a no levantar demasiado los brazos. Y todo el mundo cumplió. Entonces sale Exo al escenario y el equipo de seguridad se ve desbordado por manadas de hembras corriendo hacia el escenario. Y yo, que estoy aquí para empaparme de la cultura, me uno a la llamada. Un descontrol previsto, pero aún así impresionante, se apropia de la atmósfera. Un gorila me indica amablemente que vuelva a mi asiento. Creo que por no tener suficiente fiebre en la mirada.

Kpop
No todo el mundo es sensible a la locura del Kpop.

Y ahora tocaría que alguien preguntara: “¿y qué tal es la música?” Bueno, podemos dejarlo en que, en el caso del k-pop, la música es lo de menos.

Postdata: Podéis ver alguna foto más en Instagram. La información cultural ha sido posible gracias a mi eonni Belén, y mi chingu Jaime, que me han enseñado todo lo que sé sobre el k-pop.

REGALO COREANO

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Esta libreta – aún sin abrir – de patitos coreanos rodeando a un conejo-tortuga antropomorfo puede ser tuya si sigues leyendo. El boli no. El boli es mío.

Mañana ya es viernes, empiezo las clases de coreano (¡por fin!) y hay una fiesta de bienvenida para estudiantes internacionales, para la que tengo pase VIP gracias a un sorteo en el que tardé varios minutos en procesar qué es lo que había ganado.

La cosa fue así. Chico coreano sonriendo y ofreciéndome un sobre. Yo sonriendo y rechazándolo. El público expectante. Él sonriendo aún más y poniéndomelo en la mano. Yo cogiéndolo a regañadientes. Pide un aplauso y el público se lo regala con ganas. Aparece una cámara de la nada y nos hace una foto. Flash. Vuelvo a mi asiento sin entender nada y sin dar ni las gracias. Mi compañero de silla me dice: ¡Niña, que te ha tocado una entrada gratis para la fiesta! Y ahí está mi cara de panoli inmortalizada en la foto para toda la eternidad.

Total, que he encontrado una solución ideal para limpiar mi karma. El otro día en Seúl me pasé por Ssamziegil, un icónico centro comercial al aire libre en el mítico barrio de Insadong, donde venden todo tipo de cosas bonitas Made in Korea, con diseños únicos en el mundo. Mi presupuesto de momento me impidió arrasar con todo, pero en una papelería increíble rescaté esta libreta.

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El pato coreano de la llamarada está diciendo algo como “Cua-ang” y el que mira fijamente se está preguntando “¿Cue-ek?”

Decidme que no quedaría bonita en vuestro cuarto. Podéis escribir en ella vuestros relatos más intensos, pegar fotos de vuestro perro o simplemente colocarla como obra de arte contemporánea en vuestra estantería. Lo que queráis, porque es para uno de vosotros. Regalazo, oigan.

¿Qué hay que hacer? Pues nada original. En la página de Facebook de Objetivo Corea he colgado una entrada sobre estos patitos. Los pasos son:

1. Pincha en Me Gusta en la página. Si ya lo has hecho en otra ocasión, pasa directamente al siguiente paso.

2. Comparte la entrada de los patitos en tu biografía. Sé que es un coñazo, pero así me ayudas a llegar a más gente interesada en Corea y además tu muro se verá plagado de encantadores patitos asesinos. Dos por uno.

3. Deja un comentario en la entrada de los patitos contándome que harías con esta libreta. ¡Esto es muy importante, pues el regalo será para una de las personas que comenten! Se valorará la originalidad, así como la rapidez. En caso de empate técnico en magia literaria, irá por sorteo.

4. Dentro de una semana anunciaré la persona ganadora. A continuación, servidora se irá a la oficina de correos más cercana y el afortunado o afortunada recibirá mi obsequio en la dirección que me diga. Totalmente gratis. En cualquier lugar del mundo hispanohablante.

Os dejo una última foto para abrir boca:

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Por detrás también tiene patos por todas partes. Pero en el centro tiene sorpresa… hay que conseguirla para verla.

*Sólo válido para habitantes de países de habla hispana.
*Facebook no tiene la culpa de mis idas de olla, así que le exonero de toda responsabilidad.
*No apto para personas sensibles a la película “Los pájaros”.

ELOGIO DE LA IMPERFECCIÓN

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Terraza en la residencia de estudiantes. Como podéis ver, tengo los pies destrozados por picaduras de mosquitos.

Esta es una entrada de tranquilidad y reflexión sin ingredientes potenciadores del sabor. Así que echad mano a vuestro macchiatto, thai latte, agua fría con rodaja de limón o incluso un gin tonic los que os veáis más entonados, y reposad vuestros pies tal y como veis en la imagen. También vale con galletas.

Las fotos de atardeceres ideales con unos pies están demasiado vistas. Las fotos de atardeceres ideales con unos pies comidos por los mosquitos no tanto. Así que he elegido esta foto porque puede ilustrar el tema de hoy: la imperfección existe y está allá donde vayas.

Se acaban las vacaciones de Chuseok y mañana vuelven las clases, la operación retorno copa las carreteras coreanas mientras servidora lleva un par de días de reclusión en Songdo después de una superdosis en vena de Seúl. Pero he decidido que aún no es el momento de hablar de Seúl. Hay varias historias y anécdotas que responden como motivos; algunas son muy poéticas y metafóricas, otras abochornantes y poco dignas. Como en “La vida de Pi”, me voy a quedar con la que engloba las que más me gustan: no estoy preparada.

Y es que, ¿cómo voy a permitirme hablar de una ciudad que aún he vivido tan poco? De Seúl apenas he olido su perfume al pasar, y sólo puedo decir que quiero más. Quiero pintarme los labios al estilo de las coreanas, entenderme con los tenderos sin expresarme como un telegrama andante y pasear mis piernas heladas desnudas en otoño por Hondae. Entonces, hablaré de Seúl. Mientras tanto, podéis ver muchas fotitos en Instagram.

Por eso, hoy voy a hablar de mi reclusión en Songdo, en los confines de una residencia vacía, pues la mayoría de residentes se ha ido todo el puente. Un tema soso a primera vista, pero esencial, porque también forma parte de mi viaje. Al ser Chuseok, casi todo ha estado cerrado estos últimos días, así que cuando volvimos de Seúl nos encontramos con que no había mucho que hacer por aquí. Y aunque algunos de mis compañeros hoy se han ido a Incheon de excursión, yo he decidido quedarme, he aprovechado para hacer la compra, la colada, balance de los gastos, embadurnarme de pomada para las picaduras (duelen mucho), dejar el cuarto como los chorros del oro y estudiar geografía de la Norteamérica colonial de 1754.

Mientras tendía mi ropa en un tendedero prestado de una chica china me he dado cuenta de que aún representando el esperpento en forma de una psicóloga española estudiando literatura americana en Corea tendiendo su ropa en el tendedero de una china, la vida no puede ser una aventura el cien por cien del tiempo. A veces lo único que te apetece hacer es dejar pasar las horas sin hacer nada interesante que merezca la pena destacar. Dedicarte a cuidar tu cotidianidad.

Esta entrada está dedicada a lo imperfecto y si cuento todo esto es para poner en relieve que, con los pies en alto, a 10000 kilómetros de casa, contemplando la caída del sol más rojo que he visto en mi vida mientras me rasco ferozmente hasta hacerme sangre, sólo soy una persona disfrutando de un paquete de galletas. Y ya sé que eso no vende, pero es real. Y mola mucho.

Postdata: El agua con una rodaja de limón se ofrece en los sitios finos aquí en Corea. Beber lejía tiene que ser más agradable.

¿POR QUÉ COREA?

Esta es la primera y principal pregunta que me han hecho en los últimos meses, comenzando por mi familia y mis amigos. Y mi respuesta, normalmente, ha sido un un escueto: ¿y por qué no?

Claro que decir eso y no decir absolutamente nada colindan pero es que, analizándolo bien, la pregunta es absurda por comparación. Cuando hace un par de años me concedieron un Erasmus para Suiza, nadie me preguntó “¿por qué Suiza?”, porque de alguna forma todos tenemos una imagen de Suiza. ¿Por qué no se plantea con la misma intensidad cuando la gente se va a Italia, Canadá, o incluso China? Mucha gente puede vislumbrar los motivos para irse a alguno de esos países, aquellos de los que una persona cualquiera de nuestro país puede dibujar en su mente una informativa caricatura.

Y es que parece que si tenemos una etiqueta clara en nuestras mentes sobre algo, somos capaces de empatizar más. Por eso Estados Unidos es lejano, pero no se cuestiona, porque se le conoce como el país de las oportunidades, y Japón es aún más lejano pero representa un exotismo conocido y catalogable.

Pero si preguntamos por Corea, mucha gente solo sabrá que hay dos, Norte y Sur, barcos tortuga, K-pop y BB creams, dependiendo de a quién preguntes. Por eso, cuando le decía a la gente que me venía a Corea, lo primero era “qué lejos” y después, tras unos segundos de silencio, una cara que tan sólo podría describirse como: no data found. Justo a continuación, LA pregunta. Nunca he sido una especial friki de lo oriental, más allá del interés que pueda tener cualquier persona que disfrute viajando o simplemente aprendiendo cosas nuevas. Y hasta hace un año exacto, no sabía nada sobre Corea y tenía mis dificultades para situarla en un mapa.

Sé que todo lo que he expuesto hasta ahora, en vez de difuminar la pregunta inicial, que es mi principal objetivo, sólo la está acentuando: “¿y entonces por qué narices te vas a la otra punta del mundo a un país del que no sabes absolutamente nada?” De acuerdo, me rindo.

Sabía de la existencia de la beca para Corea de mi Universidad desde el principio de la carrera. Pero de la misma forma en la que sabes que hay cursos de olericultura. También sabía de la existencia de la Oficina de la Universidad de Incheon, un espacio de colaboración de la Universidad de Incheon donde se daba información, talleres y cursos sobre la cultura coreana. En mi barrido habitual de paredes y corchos, di durante algunos años con carteles sobre un concurso de ensayo sobre literatura coreana, impulsado por la Oficina.

“Qué lastima que yo no tenga ni idea de la literatura coreana” – pensaba para mí. Y me imaginaba a los eruditos participantes del concurso como eminencias subidas a pedestales, elevando al aire obras maestras de tapa dura mientras declamaban en perfecto coreano.

Hasta que en septiembre del año pasado vi de nuevo el cartel y me dio por preguntar. Me dijeron que lo que se buscaba era un ensayo con una visión personal sobre la obra. Y entonces me encontré con la posibilidad de poder leer un relato inédito en español, exclusivamente traducido para la ocasión, y que encima se me permitiera dar rienda suelta a mis parrafadas sobre el mismo. Perfecto. Lo que yo no me esperaba es que el relato me atrapara, me cogiera de la mano y tirara de un hilo que me ha traído hasta aquí. El relato era crudo, directo, sincero y con una fuerza enorme, características que después también descubriría en otras obras coreanas.

Para documentarme, me empecé a informar sobre el idioma coreano y sus peculiaridades, exploré Seúl desde Google Maps para familiarizarme con las zonas que aparecían en el relato. En el mismo se mencionaba también algo llamado kimchi, y anduve caminos de Wikipedia, dando saltos entre gastronomía, cultura, historia, geografía y fotos. Y era como una niña con zapatos nuevos. ¿No es fantástico construir algo desde cero, algo sobre lo que no tienes ningún conocimiento?

El relato era Soom (Aliento), de la autora Cheon Eun Young. Dos meses después pedí la beca. Cuatro meses después, me la concedieron. Y aquí estoy. “¿Te fuiste a Corea porque te gustó un relato que leíste?” Supongo que la realidad no es tan simple, pero si lo fuese: ¿y por qué no?

Postdata: Al final nunca me fui a Suiza y el concurso lo gané, pero esa es otra historia.