QUIZ: ¿SERÍAS UN LOSER EN COREA DEL SUR?

El puente de Mapo en Seúl, con mensajes positivos para intentar convencer a la gente de que no se arroje al río Han. En la imagen “¿Te preocupa algo?”

¿Qué es para vosotros el éxito? ¿Y el fracaso? Si me leéis como hablantes nativos del español probablemente pertenezcáis a un país donde la línea que separa uno del otro es bastante flexible. Pero desde donde os hablo, al sur de esta península de contrastes, la frontera entre el éxito y el fracaso es tan fina que la vida puede arruinarse por lo más mínimo.

El nivel de estudios, tu familia, nivel socioeconómico, cuestiones de apariencia física, y cuestiones en ocasiones de puro azar determinan el tipo de vida que se lleva en Corea del Sur. En España entiendo que todos tenemos más o menos la misma vida hasta que terminamos el instituto y después el espectro se abre hacia distintas formas de vivir que se consideran válidas en tu círculo cercano, de amistades, familiar y en la sociedad. Sin embargo el éxito en Corea se mide por la misma vara para todo el mundo. Estudiar en una buena universidad una carrera con salidas, casarte antes de los 30 para las chicas y los 35 para los chicos y poder permitirte comprar un apartamento para ese entonces son los requisitos indispensables básicos. Pero detrás de eso hay todo un checklist de cosas necesarias para poder considerar que tu vida merece la pena ser vivida en Corea del Sur. Como podéis suponer por la tasa de suicidios de este país, no es tarea fácil. Y es que el lograr con mayor o menor acierto estos hitos en tu carrera hacia quién sabe dónde determinarán tu salud, la persona con lo que podrás casarte y casi toda tu vida adulta.

Como yo lo veo. En Corea hay que pasar por el aro. En Occidente llegado cierto punto, no es tan necesario.

Vamos a jugar a un juego. Tranquilos, esto no es una película de miedo. Supongamos que nacéis coreanos o coreanas, y que vivís de forma que llegáis al punto en el que estáis ahora con la misma situación educativa y socioeconómica de vuestra vida no coreana. Vamos a ir descontando y sumando puntos dependiendo de lo que los coreanos consideran deseable y vamos a ver cómo de loser se puede llegar a ser. ¿Preparados?

  1. Nacimiento: Enhorabuena, ¡has nacido coreano o coreana! Súmate 30 puntos solo por eso. Obviamente los hijos de las familias multiculturales y los extranjeros no tienen ese empuje inicial. Si naces chica resta 10 puntos. Las mujeres en Corea del Sur ganan apenas un 63% de lo que ganan los hombres en el mismo puesto. Además se ha descubierto que en este país las pacientes de depresión son el doble que los pacientes. Las mujeres tienen primero una enorme presión estética a la que le sigue la carga familiar y la conciliación con el trabajo.
  2. Cuchara de plata, cuchara de palo: Esto es igual en todos los países, pero si vienes de una familia con pocos medios en Corea no te podrás permitir una educación decente pues apenas hay becas totales y además el acceso exitoso a la universidad se apoya en la educación privada. Si vienes de una familia acomodada suma 50 puntos. Si eres de una familia pobre, no hace falta que te restes nada. En Corea se valora el esfuerzo y les encantan las historias de ascenso hacia la cima desde la pobreza, como las pequeñas empresas que se convierten en grandes conglomerados, siguiendo el ejemplo de Hyundai. Así que todavía puedes triunfar. 
  3. Familia como Confucio manda: Los coreanos no miran con buenos ojos a las familias “desestructuradas”. Te va a costar encontrar futura esposa o esposo en ese caso. Si tu madre te tuvo soltera, resta 30 puntos, si tus padres están divorciados resta 15 puntos. 
  4. Religión: Si eres protestante estás de enhorabuena, compartes credo con la élite dominante de Corea del Sur, puedes sumarte 50 puntos sin problema. Si además tus padres y tú estáis en una congregación religiosa con reuniones a menudo, podrás tener acceso a una gran red de contactos que te ayudará en el futuro sin duda. Los coreanos miran mucho por los suyos y el clientelismo es moneda de cambio a niveles que incluso en España nos parecerían excesivos. Si eres católico o budista, suma 20 puntos, pues algo podrás sacar de las reuniones religiosas y en Corea está bien visto tener una religión. No obstante si eres agnóstico o ateo no te preocupes, no te restas nada ya que la libertad religiosa está más que aceptada. Ah no, espera. Si eres musulmán, resta 15 puntos. Pero eso no es exclusivo de Corea, ¿verdad? 
  5. Barrio: Es obvio que los barrios caros son más bonitos y más cuidados, ¿no? Pero en Corea hay un elemento más a tener en cuenta: el barrio en el que vivas determina el colegio al que puedas asistir, así que es posible que tus padres se endeuden para que tu código postal te permita a ir a un colegio de prestigio. Si vives en un buen barrio, suma 30 puntos.Bueno, ¡hasta el momento ni siquiera has podido elegir y ya vas con ventaja o desventaja! Vamos a ver qué puedes hacer por cambiarlo.

  6. Adolescencia: Tu adolescencia depende de estudiar e ir aprobando, aunque la nota que saques por el momento no es importante. Si no te metes en líos, te buscas algún escándalo o te pillan haciendo algo ilegal, vas bien. Lo importante es cuando te prepares el acceso a la universidad. Lo determinará todo. A partir de aquí empiezan las decisiones de vida o muerte.
  7. Acceso a la universidad: Si no consigues entrar en una universidad en Seúl, independientemente de tu ciudad de origen, resta 50 puntos. Si consigues entrar en Seúl pero no está entre las 20 mejores universidades (en Seúl hay más de 40), suma 20 puntos. Si consigues entrar en las 10 primeras, muy bien, suma 50 puntos, si consigues entrar en una de las SKY (Seoul National University, Korea University o Yonsei University), enhorabuena: te acabas de sumar 200 puntos.¿Notáis algo raro? ¿Por qué no hay una universidad que me de 0 puntos? En Corea no existe el término medio cuando se habla de universidades. O ganas o pierdes. Puedes perder y ganar poco o perder y ganar mucho. Pero nada va a dejar indiferente. Tu universidad representa lo que eres.

    “Pero, Ainhoa, un momento, yo no quiero ir a la universidad”. Ah, entiendo. Entonces, game over, eres un loser. Si solo en Seúl hay más de 40 universidades, más las que hay en la provincia de Gyeongi (la que rodea a la capital), más las del resto del país, es porque hay demanda de las mismas. No se concibe que alguien no vaya a al universidad, aunque sea un college donde hacer una carrera media. Hay tanto negocio con la educación y las universidades surgiendo como setas, que hay hasta gente que se queda con la carrera a medias porque le cierran la universidad a mitad, al no tener beneficios. Eso ha llevado a una sobrecarga de universitarios y a un inicio de problemas de paro en Corea del Sur. Es lo que muchos llaman Hell Joseon (no os perdáis ese enlace de Corea Ígnota donde lo explica genial).

  8. Origen: Si vienes de un pueblo o ciudad pequeña de Corea fuera del área de Busan, Seúl y Gyeongi (el área metropolitana de la capital), resta 15 puntos. Hay muchas bromas con los paletos de pueblo, como la que había en España hace ya muchos años. Si además usas saturi, esto es, un dialecto o acento muy marcado y que no consigues disimular para hablar en seoulmal o coreano estándar, resta 15 puntos más.
  9. Sexualidad: Homosexual, game over; trans, game over; género fluido, game over. Podría seguir pero os hacéis una idea. 
  10. Para hombres: Tienes que cumplir los casi dos años de servicio militar. Una enfermedad muy grave, que incluye las enfermedades mentales, podría impedirte que fueras. Pero no te lo recomiendo, si no vas quedará registrado en tu expediente y en todos los empleos que pidas tendrás que explicar por qué no fuiste al servicio militar y qué hiciste en su lugar. Obviamente tiene que ser por un motivo médico, no existe la objeción de conciencia, la alternativa es la cárcel. Si no vas, nunca serás un hombre completo (sea lo que sea que eso signifique). Si no cumples con tu país, resta 100 puntos.
  11. Para mujeres: Tu peso ideal es de menos de 50kg “Bueno, dependerá de la altura, ¿no?” No, si pesas más de 50kg es que eres demasiado grande, fin. Debes llevar maquillaje cada vez que salgas a la calle, siendo lo mínimo que te debes poner la base de maquillaje. Mientras que en otros países ante la falta de tiempo priorizamos maquillarnos los ojos o los labios, en Corea hay que priorizar llevar algo que te cubra la cara y disimule las imperfecciones y ojeras. Y no puedes ir a trabajar sin ello. Si tienes un cuerpo que no cumple los cánones coreanos (que tienen un rango bastante estrecho) y no te maquillas nunca (con base de maquillaje), resta 25 puntos.
  12. Enfermedades mentales: Son un tabú y quedan registradas en tu historial médico, por eso apenas se tratan. Si las tienen y han interferido en tu vida normal, resta 70 puntos.
  13. Matrimonio: Te tienes que casar a la edad destacada más arriba como máximo. Si bien no hacerlo antes era un game over automático, ahora las cosas están cambiando, especialmente porque muchas mujeres ahora deciden no casarse, a pesar de la presión familiar. Si no te casas siendo hombre réstate 30 puntos. Si no te casas siendo mujer réstate 50 puntos. Si consigues casarte y con alguien que tu familia aprueba, suma 40 puntos.

    Podríamos seguir, metiéndonos en más detalles sobre tener o no el doble párpado en los ojos, la forma de tu mandíbula, el trabajo de tus padres, el tipo de carrera que has escogido, el número de hijos que decides tener. Y un largo etcétera. Pero vamos a dejarlo aquí. Hagamos cuentas:

  • Si consigues 400 puntos, eres de pega, no sé que haces leyendo esto, deberías estar lanzando billetes desde tu limusina por Gangnam.
  • Entre 390 y 200 puntos eres un coreano que ha cumplido en la vida, y estás por encima de la media en muchos aspectos. Ejemplar.
  • Entre 200 y 0, tienes tus defectos, pero eres aceptable y tienes algo bueno en tu historial o una buena red de contactos.
  • En números negativos, eres un loser y te va a costar encontrar pareja y trabajo respetable.
  • Por debajo de -100 eres un total loser y un paria social. Tu esperanza es irte al extranjero donde a nadie le importe todo esto o encuentres a una pareja extranjera que no mida con la vara coreana tu biografía.

¡Espero que os haya gustado este pequeño experimento social! No os preocupéis si sois muy losers, aquí en Corea simplemente somos extranjeros y ¡esa es una categoría aparte de la que hablaremos en otro momento!

¡Dejadme abajo en los comentarios vuestra puntuación! Tengo mucha curiosidad.

Para animaros aquí os dejo de mi Instagram un paisaje relajante en el lago Gyeongpo, en Gangneung, una ciudad costera en la provincia de Gangwon, al este, a la que fui hace un par de semanas:

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COSAS QUE TIENES QUE COMPRAR EN COREA (Y NO SABÍAS)

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Un montón de calcecines coloridos. Esto ya da una pista muy sutil…

¡Hola de nuevo a todas (y todos)! Hoy voy a compartir con vosotros mi lista de la compra I-NE-LU-DI-BLE siempre que estoy en Corea. ¡No la vayáis contando!

Primero, vamos a empezar con lo típico, ¿no? Lo primero que se os viene a la cabeza cuando pensáis en comprar algo en Corea. Ya sé lo que me vais a decir: cosméticos y productos de belleza, móviles y tecnología en general, un montón de discos y pósters de vuestros idols favoritos, algunos snacks para endulzar el camino de vuelta y por supuesto una botella de soju para llegar de nuevo a casa con alegría.

Todo eso está muy bien (y también os lo recomiendo) pero atentos, aquí os dejo lo que siempre compro cuando estoy en Corea. ¿Listoooos?

CALCETINES

Vale, esta os la veíais venir, estaba regalada. Corea es famosa por vender calcetines prácticamente en cualquier sitio. ¿Vas a una convenience store a comprarte un paquete de ramyeon? Quizás salgas también con unos calcetines en tu bolsa si te hacen falta de camino al jjimjilbang. En una papelería, en el supermercado, en donde quieras. Todo el mundo necesita calcetines, ¿no? Es muy fácil restarle importancia a un objeto tan esencial del día a día. En Corea no se avergüenzan de sus calcetines sino que ¡los lucen con orgullo! Y es que además el diseño de los calcetines coreanos es muy divertido. Desde adorables animalitos hasta Donald Trump, como podéis ver en uno de los últimos posts de Robert de Paella de Kimchi en su cuenta de Instagram:

https://www.instagram.com/p/BRvHt8hBUxk/?taken-by=robertkimchi

Otra cosa que también es genial es que los calcetines de este estilo suelen tener un precio de entre 1000 – 2000 wones, que es menos que un viaje en autobús.

ARTÍCULOS DE PAPELERÍA

De verdad que a veces intento resistirme, pero los artículos de papelería de Corea son interminables en variedad, calidad y diseño. Si en tu país de origen compras unos post-its, tendrás unos cinco o seis colores para elegir, eso en un sitio grande. Pero en Corea ya no hablamos de colores, sino de formas, tamaños, temas… Post-its con forma de gatos, pájaros, personajes famosos de animación, integrados en algún pack temático, la variedad es interminable. Y eso no solamente es así con los post-its. Las libretas, los bolígrafos, las gomas, los sacapuntas y hasta los Tippex tienen un montón de opciones. Sí, terminarás comprando cosas que no necesites o te convertirás en una escritora de éxito simplemente por darle salida a los veinte cuadernos que te habrás comprado.
Si queréis una tienda de donde no se puede salir sin comprar un montón de cosas de papelería, pasaos por ARTBOX que es… ❤

CALZADO DE MARCA

No sé el precio de algunas marcas de calzado casual en otros países, pero en España unas Converse o unas Vans pueden salir bastante caras. En Corea es más o menos fácil conseguir una buena oferta si vas en rebajas a alguna zapatería deportiva. Y no, no son falsificaciones. Yo me compré estas en unos grandes almacenes de Seúl:

Tengo una algo sucia porque me acababa de pisar una señora en el metro…

GAFAS GRADUADAS

Sí, como lo leéis. Cada vez que voy a Corea paso por una óptica, me gradúo la vista (soy miope) y me compro dos pares de gafas. Tienen una relación calidad-precio muy buena, los cristales son de mucha calidad y las monturas tienen un diseño único por muy poco dinero. Garantizado.

Bueno, preparaos, que ahora viene lo mejor que se ha inventado, algo sin lo que no podréis vivir si estáis en invierno en Corea. Yo tardé meses en descubrir que existía así que guardad esta información mejor que la receta secreta de vuestra abuela.

HOTPACKS

No tanto como souvenir, sobre todo si venís de un país caluroso, pero para sobrevivir en el día a día en Corea a bajo cero tenéis que compraros en cualquier convenience store toneladas de estas pequeñas bolsitas de tela rellenas de algo. Un algo que no sé qué es (nunca presté demasiada atención en las clases de química) pero que irradia calor si agitas la bolsita. Mucho calor. Cuestan también entre 1000 y 2000 wones (ahora que caigo, hay muchas cosas que cuestan 1000 wones) y son de un solo uso, podéis compraros un par de ellas y poneros una en cada bolsillo. Se agradece al meter las manos. Conseguir que calienten requiere algo de técnica, hay que agitarlas durante un ratito. No desesperéis si no funciona en un primer momento, porque algunas vienen defectuosas. La variedad definitiva es una que son adhesivas y te las puedes pegar por el cuerpo. La felicidad cuesta 1000 wones.

Espero que os haya gustado mi lista de compras coreanas. En los próximos posts os hablaré de más cosas del día a día en Corea del Sur. Si no os queréis perder lo que voy compartiendo podéis darle a Me Gusta a la página de Facebook de Objetivo Corea y seguirme en Instagram.

MURAL COREANO: ¡COREANIZA TU CASA!

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El último proyecto en la pared de mi casa en Francia. Una bandera de Corea del Sur hecha a mano.

Nota: Muchas personas me han robado esta foto que hay arriba para ponérsela de perfil en redes sociales. Me sentí tan mal que privaticé este post del blog para que nadie más pudiera robar mi propia imagen ni mi cuerpo. Pero me he dicho que por un par de irrespetuosos no voy a dejar de expresarme. Así que bueno, os pido por favor un poco de respeto. No os pongáis esta foto de perfil en redes sociales. Es mi cuerpo, es mi identidad. Si queréis compartirla diciendo que es mía y citando el blog me parece bien. Pero respetad mi trabajo y sobre todo, respetad mi humanidad. Si se la veis a alguien, hacédselo saber. Gracias 🙂

¡He vuelto! Parece que hago más comebacks que Girls Generation y Super Junior juntos, ¡pero no! À bientôt, Rouen! Regreso a España, concretamente a Málaga cargada de muchos proyectos y muchas novedades que no me da tiempo a compartir con vosotros todo lo que quisiera.

Pero vamos por partes, que hoy quiero enseñaros algo guay. Corría mayo de 2015, el tiempo para volver a Málaga se agotaba, y la pared de delante de mi escritorio era blanca, enorme y vacía. La caligrafía es una disciplina que siempre me ha fascinado de la cultura coreana, aunque no tuve tiempo para desarrollarla durante mi estancia allí. Tras los exámenes finales me puse a preparar un mural en mi buhardilla de Rouen, Francia, representando la bandera de Corea del Sur a través de las cosas que me ha dado conocer este país. La comida, las emociones y los lugares han poblado mi humilde interpretación de la taegeukgi (que no tteokbokki, por muy rico que esté).

Taegeukgi
Detalle del trabajo de escritura (que deja mucho que desear), hecho con pintura acrílica

He de decir que el resultado me gustó mucho, aunque llegar hasta allí me dio muchos quebraderos de cabeza – como por ejemplo los derivados de confundir la colocación de los colores en la bandera, ¡ups!- y me gustaría pensar que de alguna manera puede servir de inspiración para decorar parte de vuestro cuarto o casa (si la casa no es vuestra no olvidéis pedir permiso con la mejor de las sonrisas, y sino, no digáis que la idea os la he dado yo). Para no pintar la pared, se puede pintar encima de la cartulina blanca, recortarla con la forma de círculo y pegarla en la pared como un póster.

Con unas cartulinas negras para crear los cuatro elementos que rodean el centro, y cartulina grande blanca para hacer los moldes de la forma central se puede decorar la pared de una habitación estilo coreano. En mi caso, yo apunté primero las palabras que quería usar y practiqué la escritura de las más difíciles. Utilicé pinceles de distintos tamaños (venden packs con varios no muy caros) y solo dos pinturas, roja y azul. Mi escritura coreana ha mejorado un pelín después de tanta práctica y de ver un montón de modelos de escritura que se pueden encontrar por internet.

Taegeukgi
En plena faena, con un pulso rumbero

No puedo decir que me dolió irme de Francia por el mural, pero después de todo el esfuerzo y tiempo invertido, lo disfruté poco tiempo. Mi escritorio estaba justo delante y verlo justo delante todos los días, estudiando o trabajando en algo, me daba un buen rollo enorme. Al fin y al cabo, cada pequeña palabra escrita por mí, ya sea amistad, goguma, lluvia, calcetines… son las cosas que han hecho que Corea del Sur tenga un lugar no sólo como sello en mi pasaporte, sino como parte de mi biografía y de mi propio desarrollo personal. La última visión de mi piso de Rouen fue esta pared, con toda la casa vacía y las maletas ya camino de España:

Taegeukgi
Me quedé con ganas de ver la cara de mi casero cuando volvió a la casa. Aunque he de decir que en mi caso, todo era despegable.

En mi caso, un pedacito de Corea en la casa de una española en Francia. Os animo a tener también un pedacito de Corea en la parte del mundo en donde estéis, ¡no es tan difícil como parece y queda muy chulo! No tiene por qué ser el mural completo, sino lo que sea que os inspire a crear vuestro propio rincón coreano. En vez de la bandera puede ser el nombre de Corea formado por dibujos, o con fotos vuestras.

Postdata: Si alguno os animáis a hacer algo parecido y tenéis alguna duda o necesitáis consejos , no dudéis en dejarlo en los comentarios y una vez terminado, ¡¡compartidlo conmigo en el Twitter @objetivocorea o en el Instagram del mismo nombre!! ¡Me haría muchísima ilusión!

LA FIEBRE DEL KAKAO

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Míralos bien y quédate con sus caras. Estas cucadas son uno más de la familia en Corea del Sur. Fuente: Kakao Talk

¡Hola de nuevo! Mis andanzas por el país del queso y las baguettes me han tenido un poco ocupada, pero sigo en pie y con mucha Corea en el tintero. Hoy toca hablar de Kakao Talk, una aplicación que usan alrededor de 40 millones de personas sólo en Corea. Teniendo en cuenta que yo la tengo y que por el momento no estoy por esa -nuestra querida- zona del mundo, ese número se multiplicaría por X si se tuvieran en cuenta los usuarios de fuera del país. De hecho, sólo en los EE.UU., la aplicación tiene alrededor de 3.5 millones de usuarios.

Kakao Talk empezó su andadura como servicio de mensajería instantánea en marzo del año 2010. Para el 29 de diciembre del 2011, el número de mensajes enviados via Kakao superaban el billón diario, ¡EL BILLÓN! ¡DIARIO!

Al observar las cifras provistas por la misma compañia, el crecimiento de la aplicación deja ojiplático a cualquiera. El 93% de los usuarios de smartphone surcoreanos utilizan esta app para comunicarse. En un país con un 73% de uso de smartphone, esta cifra es impresionante.

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Crecimiento del uso internacional de Kakao Talk, sólo hasta 2013. Fuente: Kakao Talk

¿Qué tiene esta aplicación de especial? Podría hablar de su funcionalidad, de su comodidad, de su interfaz amable, pero como usuaria fiel e ignorante, diría que para mí la joya de la corona son los llamados Kakao Friends, el sistema de emoji que utiliza, una serie de personajes monísimos y super expresivos que generan un brand engagement (o algo así) de dimensiones épicas.

Existe un pack base con todos los emoji de Kakao, que viene por defecto con la aplicación, pero cada cierto tiempo sacan packs especiales estacionales (San Valentín, Navidad, o verano, o pack “de oficina”) que son descargables y gratuitos durante un tiempo y que después se eliminan o se compran. Servidora ha disfrutado de esos packs temporales con ilusión, quizá por la motivación de ver en otros contextos a unos personajes que utilizas a diario. También sacan pequeñas animaciones, como el especial de Navidad de hace un año que podéis ver aquí. Vamos, que son adorables. ¿Seré yo la friki?

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En este collage-homenaje podéis ver la magnitud de los más de cien emoticonos que forman los personajes de Kakao Friends (y aún faltan algunos). He incluido un intruso: Psy de Gangnam Style, ¿podéis encontrarlo?

Creo que no, pues hasta existe una tienda Kakao en Sinchon, cerca de Hongdae, donde puedes comprar los peluches, tazas o pegatinas con los personajes de Kakao Friends, y un Kakao Café en los alrededores de Gangnam. Yo no me he pasado, pero tiene que ser toda una experiencia.

KakaoStore
La Kakao Store en Seúl.  Fuente: Finding the Seoul

Otro de los detalles interesantes de los emoticonos de los Kakao Friends que no todo el mundo sabe es que hacen guiños a referencias culturales, algunas muy conocidas para Occidente y otras no tanto. Aquí os dejo aquellas de las que tengo constancia. Lamento la calidad de las imagénes, es muy difícil encontrarlas en condiciones:

ComparacionesKakao1
De arriba abajo: La cultura japonesa de lanzar la mesa como forma de expresar descontento, el anime japonés “Slam Dunk”, película americana “8 millas”.
ComparacionesKakao2
De izquierda a derecha: Dragon Ball, el manga japonés Ashita no Joe, animación-cómic japonés.

Increíble, ¿verdad? La aplicación está disponible en coreano y en inglés. Ojalá me llevara comisión por decir esto pero os animo a que os la descarguéis y la probéis con aquellas personas de vuestro entorno que también tengan curiosidad por comunicarse como lo hacen día a día la mayor parte de los habitantes de Corea del Sur. ¡Contadme qué os ha parecido dejando vuestras opiniones en los comentarios!

Fundas móvil
No podía irme sin hacer una incitación coreana al consumismo. Confieso mi culpa, pero decidme que no son una monada.

Postdata: Por si os lo preguntáis, mi personaje favorito es Muzi, una “chica” que va disfrazada de conejo pero que en su interior está hecha de… nabo marinado coreano o danmuji (de ahí su nombre). Siempre va acompañada de un pequeño reptil llamado Con. Tiene sentido, ¿no?

Gracias a Kitaek Lim por su inestimable ayuda en la búsqueda de todos y cada uno de los emoticonos que componen el collage, así como por descubrirme las referencias culturales de los mismos que desconocía.

BUCHEON, DESOLADA CIUDAD POETA

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“¿Pesa, no? Prueba a empezar con algo un poco más ligero” Bucheon. Foto: @foxhound2234

Tengo mucho que contar de Seúl, sin duda, pero hay ya mucho escrito, y he preferido dejarlo para más adelante. Porque hay una ciudad que me ha fascinado, por sorpresa, y quizás por eso, pues al no esperar nada de ella ha calado mejor y más profundo en mis sentidos.

Seguro que a más de uno el nombre de Bucheon le deja indiferente. Un Google y una Wikipedia después, quizás aumente algo la información, pero la indiferencia seguirá presente. Bucheon es la ciudad sandwich. Por un lado, el puerto metropolitano de Incheon -con su famoso aeropuerto internacional, puerta de entrada al país, votado por nueve años consecutivos como el mejor aeropuerto del mundo por la Airports Council International-; por el otro, el enorme espejo pulido en el que reflejarse para todas las ciudades de Corea: la voraz e insuperable Seúl, observando, desde el noreste, como una hermana mayor condescendiente.

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Una hilera de ferreterías, cerradas, una por una, hasta llegar convertir una calle en fantasma. El ayuntamiento ha promovido las pinturas que se ven, en un intento de refrescar el ambiente desolador. Bucheon. Foto: @foxhound2234

Como sabéis, mi punto de partida fue la ciudad artificial de Songdo (aquí os hablo sobre esta ciudad de película), donde se encuentra mi alma máter en Corea, la Universidad de Incheon. En la otra cara, Seúl, baluarte de lo impresionante, de lo fantástico y de lo luminoso. Seúl es a veces un hermoso escaparate, lleno de vida, sí, pero configurado y mimado como un hijo prodigio. En ambos casos he asistido a lo magnífico, lo diseñado y planeado. La aspiración a la perfección. Bucheon se muestra como es, en ocasiones toda luces y ruido y en otras abandonada y vacía, pero viva.

Basada en Bucheon es la colección de relatos cortos que encumbró a la autora nacional Yang Gui-Ja, Los vecinos de Wonmi-dong, donde relata la vida en la periferia de la rutilante capital, centrándose en esta ciudad que el año pasado cumplió su centenario. Y es que en 1914, durante la ocupación japonesa, tomaron el “Bu” de Bupyeong, centro neurálgico de Incheon y el “Cheon” de esta última para crear el área administrativa de Bucheon, una ciudad satélite de Seúl. Antiguamente conocida por su producción del melocotón (de ahí que el símbolo clásico de la ciudad sea una abstracción de la flor del mismo), en los últimos años se ha centrado en la industria cultural: películas, animación, música y cómic entre otros.  Eso  ha provocado el cambio del apodo de la ciudad de “Villa del Melocotón” (복사골 en coreano antiguo) a “Fantasia”.

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Una central de reciclaje, en la que se lee el nombre de la empresa en mostaza. Bucheon. Foto: @foxhound2234

Como joya local, el PIFAN, el festival de cine fantástico de Bucheon, que tendrá en 2015 su decimonovena edición. “Amor, Fantasía y Aventura” es la temática del mismo. El festival se centra en películas internacionales de la llamada serie B, tanto clásicos de los años 80 de fuera de la escena de Hollywood, como filmes surcoreanos y del sureste asiático de géneros horror, thriller y fantasía mayoritariamente. No os perdáis los carteles de todas las ediciones, pues son auténticas joyas. Podéis echarles un ojo AQUÍ

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En verde se lee “Nostalgia”, la obra más famosa de Cheong Chi-yong, un poeta famoso por sus composiciones revolucionarias contra el régimen japonés. A su lado, una placa nos informa de que Cheong vivió en ese edificio durante tres años, “durante las horas más oscuras”, esto es, la era de la colonización japonesa. Foto: @foxhound2234

Pasear por las calles de Bucheon a veces puede ser como hacerlo por una pequeña Seúl, su vecina a apenas media hora de metro; pero en otras partes se deja ver una nostalgia de tiempos mejores, mitad pasados y mitad por venir. Antes de la prohibición (o mejor llamada enmascaramiento) de la prostitución en el año 2004, Bucheon, a medio camino entre la gran ciudad y el puerto, era un centro de “reposo del guerrero” para militares en períodos de descanso. Aún a día de hoy la ciudad es llamada “Harén” Bucheon por las generaciones más jóvenes, haciendo referencia a la cantidad de bares y negocios relacionados con el ocio y el entretenimiento de toda clase.

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Zona de entretenimiento, de las muchas que hay por la ciudad. Curiosamente, este famoso bar está enfrente de una iglesia. Bucheon. Foto: @foxhound2234

No sabría de la existencia de esto de no haber conocido a @foxhound2234, un estudiante coreano que lleva viviendo allí desde hace más de 16 años y que me ha informado sobre la historia de la ciudad, además de llevarme a muchos de sus sitios más característicos. También es el autor de todas las fotos que ilustran este post, hasta ahora inéditas y que me ha cedido al contarle quería hablaros de esta ciudad. Cuando le pregunto qué es lo que más le gusta de vivir en Bucheon me responde: “El festival, en verano. Recuerdo un pase nocturno de El Resplandor en uno de los cines habilitados, después un documental sobre el filme y por último, el paseo de vuelta a casa al amanecer.”

Postdata: Para ver más fotos inéditas de Bucheon, Seúl y alrededores, no os perdáis su cuenta de Instagram, en las que recoge pequeñas instantáneas del día a día en Corea.

CUENTACUENTOS Y PARÉNTESIS

Otoño y lluvia en una aldea tradicional. Un minuto de silencio por la cámara que tomó está foto.
Otoño y lluvia en una aldea tradicional. Un minuto de silencio por la cámara que tomó está foto. Estés donde estés no te olvidaré.

Ha pasado más de un mes desde mi última entrada y, acercándome peligrosamente a los dos meses, una cifra más que suficiente para dar por muerto a cualquiera, he decidido romper el silencio de una vez y contaros. Contaros mucho. Os voy a confesar mis Cuatro Nobles Verdades, permitiéndome parafrasear a la tradición budista.

La Primera Verdad es que hacia finales de noviembre y hasta diciembre mi actividad se multiplicó por sí misma varias veces. Primero, porque se acercaban los exámenes y tenía demasiado acumulado y segundo porque comencé a preparar papeles y fuerzas para postular para un trabajo en la Organización de Turismo de Corea. Como iba superando las pruebas, de una semana para otra tenía mucho en lo que pensar, y aunque mantuve un buen ritmo de publicaciones en Instagram, el blog quedó en un segundo plano. Finalmente, tras llegar a entrevista, decidieron que no contaban conmigo, cortándome mi continuación en el país de la morning calm. También participé en un concurso de ensayo, en el que hice un pequeño escrito sobre Songdo -la ciudad de la que os hablé aquí-, en el que me dieron la enormísima alegría de obtener el tercer premio. Ni siquiera pude acudir a la ceremonia de entrega. No por ir de alternativa de la vida, que también, sino porque tenía justo un examen de coreano esa tarde.

La Segunda Verdad es que el día 21 de diciembre salía mi avión para España, vía Londres. Sin trabajo, ni perspectivas aquí a corto plazo, era ya un regreso, con toda la propiedad de la palabra. Así que las compras, las despedidas y un lento striptease del corazón me fue ocupando el tiempo y la mente. Y con el temor clásico a una despedida melodrámatica, opté por un silencio diplomático.

La Tercera Verdad, como habréis deducido, es que estoy en España. A las siete de la mañana de mi partida llevaba una maleta que pesaba más que al venir y demasiadas mochilas a la espalda. Y caía tal cantidad de nieve que parecía de pega. Llegué con lluvia y me marcho con nieve, pensé, y qué risas y qué pena. Puedo decir que no lloré, por decir algo, aunque no signifique mucho.

La Cuarta Verdad es que mi compañera de cuarto no se ha despedido de mí, ni yo de ella. En un punto romántico, quizás una metáfora, ella me dijo: “de ti no me despido” entre risas y un “te veo el sábado”. Y llegó ese tal sábado y tuve que sacar su maleta al pasillo porque nos echaban. E irme…

Así que me digo que, ya que no hubo despedida, tampoco la tuve de Corea. Quizás por eso no he llorado. Mi corazón sigue desnudo pero se está tomando medidas para un hanbok y mi futuro me huele a pasta de judías. No lo sé, quizás es que he querido tener una aventura con Corea y ahora no puedo dejar de pensar en ella. Lo mismo me he enamorado y no me he dado cuenta.

Un niño sostiene un paraguas desproporcionado. Dentro de unos años se pasará a un móvil de las mismas características.
Un niño sostiene un paraguas desproporcionado para su tamaño. Dentro de unos años se pasará a un móvil de las mismas características.

AL GRANO:

¿Se va a cerrar el blog? No, el blog seguirá abierto y seguiré subiendo cosas, cosas que he ido anotando a lo largo de estos meses, sacando a la luz todo el material sobre mis impresiones de sitios, de la gente y los lugares que Corea me ha ofrecido. Os seguiré contando de vez en cuando, con el material que tengo acumulado, de la forma en la que siempre lo he hecho. Lógicamente, el ritmo será más bajo. Al menos… mientras no vuelva a Corea.

¿Qué pasa con la cuenta de Instagram? Tengo aún algunas fotos por ahí que mostraros, pero ya no podré subir cada día como he ido haciendo hasta que se acercó el momento de marcharme. Seguirá en funcionamiento y con muchas ganas de volver a estar 100% activa.

¿Qué vas a hacer ahora con tu vida? Si alguno os estáis preguntando esto, mil gracias por el interés. Lo cierto es que no pararé mucho en España. Dentro de unos diez días me voy al norte de Francia unos meses, de nuevo con una beca y con la sana intención de aprender el idioma. Aunque me voy con un poco de corazón roto, tengo mucha ilusión por seguir enseñándonos lo que me iré encontrando.

¿Eso quiere decir que habrá un Objetivo Francia? No, me temo que no. Hay ya mucha información sobre Francia y la cultura francesa está tan arraigada en nuestras cabecitas que no me resulta un contraste tan interesante como para impulsarme a contaros. Además, tengo otros proyectos en mente que requieren un teclado, por lo que si en un momento dado os apetece seguir leyéndome os haré llegar todo lo que vaya escribiendo en distintos medios.

Pero, ¿no vas a volver a Corea? Eso nunca se puede saber, aunque os puedo decir que mi intención es hacerlo. Pero de momento, en mi camino se ha cruzado Francia y es lo que toca. Sí os digo que pienso retomar el coreano según vuelva de Francia… y ahí lo dejo.

NOTA DE LA AINHOA DEL FUTURO: Sí que vas a volver a Corea, biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiitch!!

En cualquier caso os iré contando por aquí, porque esto no es una despedida, sino un paréntesis que lleva a otra gran frase. Podéis dejarme en los comentarios cualquier pregunta o duda sobre el país del kimchi, que me llegará directamente a mi bandeja de entrada. Nos seguimos viendo. En Objetivo Corea y en todo lo demás (como Instagram). Y no, de vosotros tampoco me despido…

Postdata: He perdido mi cámara. O me la han robado. Seguramente en el aeropuerto de Gatwick en mi escala en Londres, aunque es un misterio. Si alguien la ve que mande saludos. Junto con las fotos que se quedaron dentro. Snif.

ECUADOR DE UN VIAJE

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Songdo de Noche, desde el canal del Central Park y el puente que lo cruza. 

Dos semanas largas, de dormir poco, dos semanas de exámenes y aquí estoy, en el primer martes de noviembre en Corea. No estoy tan desaparecida como cabría esperar, pero me ha gustado escuchar o leer el “¿dónde te metes?” que todos queremos recibir de vez en cuando y que nos anima a seguir cuando las energías bajan.

¿No os ha pasado nunca eso de tartamudear al intentar decir muchas cosas a la vez? Así me llevo sintiendo los últimos días que he tenido libres, cuando he podido mirar de nuevo al teclado para plantearme el seguir contando mi viaje. Pero el teclado me ha devuelto una mirada triste. Y es que quiero hablaros de Busán, que visité en un oasis entre exámenes y exámenes. Quiero empezar a dibujaros Seúl, despacio, masticando bien y sin deglutir. Quiero contaros cosas pequeñas, insignificantes, pero enormes, como el tiempo o las telarañas. Y es que ha llovido mucho sobre la lluvia que me recibió a finales de agosto y que os conté aquí.

Siento que me tiembla la voz, o el pulso, si hablamos de dedos, cuando pienso que hace ya más de diez días que dejé atrás el ecuador de mi viaje. Y es que, a día de hoy, parece que mi aventura con Corea termina más pronto que tarde, aunque nunca se sabe con certeza. Qué poco he contado, diréis. Pero qué cuánto he vivido, y eso me ha impedido contar más. Por eso, cuando el tiempo apremia, parece que es más difícil relajar las experiencias y dejar que fluyan como si no hubiese una fecha límite, amenazadora, obligándote a dejar cerrada una etapa.

Pero esta etapa por el momento no cierra, y os invito a asistir a su madurez y desarrollo. Me queda mucho por contaros, de lo que ya he vivido y de lo que aún desconozco, y os escribo esto para sentar las bases de lo que queda de Objetivo Corea: muchas más historias, muchas más fotos y todavía más anécdotas y momentos capturados en este país, que ya son míos aunque no estén plasmados y que pienso compartir con toda aquella persona que pase por aquí y me lea.

Quizás parte de la belleza de este momento es que he mirado por encima de la línea del horizonte y he visto España acercándose. Y Corea se ha convertido en un barco que ha partido ya y que me lleva de vuelta a casa, lenta, sí, pero inevitablemente. Y pienso tocar, como los músicos del Titanic, hasta que no quede cubierta y mis pies toquen un avión que no pertenezca a ningún lugar. Quedáis invitados a esta coda, o a este concierto inaugural del resto de mi vida. Lo mismo es.

Postdata: Dentro de poco subiré un vídeo a Instagram grabado en Busán no apto para todos los estómagos. Pero antes, os pediré vuestra ayuda. Os lo cuento en próximas entradas.

NUESTRA TELARAÑA, NUESTRA MADRE

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Una telaraña en un puente de estructura ultramoderna en mitad de Central Park, en Songdo.

Me llama la atención la cantidad de telarañas que he podido ver en los casi dos meses que ya llevo en Corea. No creo que sea cuestión de que en España tengamos menos arañas, pero pasan más desapercibidas y hacemos más por eliminar sus vestigio, quizás porque las asociamos a la falta de limpieza y a lo viejo. En un país sin apenas papeleras como es Corea, donde se defiende a ultraje el reciclaje y cada uno guarda su basura para tirarla en su propia casa, sorprende ver en cualquier esquina de la ciudad enormes telarañas, a veces con su inquilina descansando tranquilamente en su entramado.

Esta me llamó especialmente la atención. Una telaraña gigantesca en una ciudad diseñada y construida de la nada como es Songdo, que tiene el sistema de basuras más moderno del mundo y donde no es extraño ver pequeños droides sobrevolando las calles, grabando o haciendo fotos. En uno de los puentes que cruzan el canal de Central Park, un esqueleto de metal de menos de un lustro de vida, descansaba como si nada la telaraña que podéis ver en la foto. Impertérrita ante tanta modernidad, estática y a la vez viva. Y ahí estaba, una estructura organizada conviviendo con otra. Una de metal, otra de seda. Una natural, otra de diseño humano.

Y en esa continua búsqueda de metáforas hermosas, me pregunté si al fin y al cabo Corea del Sur no se trata de eso. Una nación bien armada en acero, brillante, moderna y funcional; de la que sin embargo penden grandes estructuras jerárquicas, sociales y culturales. Pero no nos confundamos, no hablo de lastres. Olvidando la araña que la crea y el concepto negativo asociado a las telarañas, ¿no tienen esa especie de hermosura y simetría que nos hace maravillarnos de la capacidad de la naturaleza?

Me maravilla, igualmente, el funcionamiento asiático del que Corea es un ejemplo fascinante. Por su situación geográfica, por su historia y por su ritmo actual (y por actual entendamos los últimos 60 años). Alguien me dijo que la península coreana era como la Polonia de Asia. Hablando ayer con una amiga que está de Erasmus allí, me fue imposible no establecer el paralelismo. Invadida y arrasada a lo largo de los siglos y objeto de horrorosos crímenes de guerra (veáse el caso de las mujeres de confort, cuya historia aún es insuficientemente reconocida por el gobierno de Japón). En el caso de Corea, escindida cruentamente en dos de forma artificial y devastadora, con una consecuente guerra subsidiaria, que oficialmente sigue abierta, aunque ya desfasada y triste. El estado actual de las dos Coreas es un gramófono que sigue sonando con un disco rayado, cuando hace tiempo que los bailarines principales abandonaron la pista. Si os apetece una visión de conjunto, para mi gusto muy documentada, acertada e imparcial, podéis echarle un ojo a este genial post de Paella de Kimchi.

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“Masacre en Corea”, pintado por Picasso en 1951, fuertemente inspirado en la famosa obra de Goya. Fue recibido fríamente por la crítica y estuvo prohibido en Corea del Sur hasta 1990, por ser considerado antiestadounidense.

Por todo esto, una no puede dejar de empatizar con Corea y hacer por entender muchas de las costumbres de este lugar que por el siglo XVII era conocido como el “Reino Ermitaño”. Corea se siente orgullosa de sus telarañas como se siente de sus tradiciones y su cultura -a pesar de que no dejen de maravillarse cuando un occidental balbucea algo en coreano-. Y siguiendo el hilo -la telaraña- del idioma, no me canso de afirmar que éste nos regala grandes muestras de pensamiento colectivo, convirtiendo su estudio en la forma definitiva de inmersión en una cultura.

Precisamente en clase de coreano fue cuando terminé de cerrar el círculo de la telaraña, cuando hace unos días aprendí que al hablar de los miembros de la familia no se usa che que es el equivalente al posesivo mi. En su lugar, se usa la palabra uri que significa nuestro. Nuestros padres, nuestros abuelos. Yo, como denostada hija única, dirigí a mi profesora la pregunta: “¿Y si mi madre es sólo mi madre, porque no tengo hermanos, puedo usar che?” Ella, con apenas unos milisegundos de vacilación me respondió: “Usa uri. Es costumbre.”

Postdata: Otro día hablaremos de las moscas que se posan en las telarañas. O quizás no.

MAMÁ, SOY MODELO

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Y aquí me podéis ver, intentando aparentar que me paseo con 15kg de ropa todos los días.

En las cinco grandes dimensiones de la personalidad se contempla una llamada “Apertura a la experiencia”. Y siempre ha sido aquella en la que me siento más retratada, aquella en la siento que puedo romper las gráficas y agruparme con el percentil más alejado de la media. Teniendo en cuenta que soy una habitante de provincias que os escribe desde el Lejano Oriente, podemos descartar la posibilidad de que me esté tirando el rollo. Como yo, muchos tenemos la capacidad de hacer aquello que coloquialmente se conoce como “apuntarse a un bombardeo”. Eso es sin duda un elemento esencial para las cosas que durante mi vida he tenido oportunidad de hacer. No creo que vengan a mí situaciones especialmente extrañas, sino que simplemente me siento abierta a dejar que entren dentro para sentarme a jugar con ellas un par de manos.

Como que, al salir de dos horas de coreano, un chico me pregunte si me puede hacer unas fotos. Por supuesto que la cultura popular y las películas de sobremesa me llevan a pronunciar un no rotundo desde el minuto uno. Pero entonces me cuenta más, desesperado con su inglés escaso, y un colega suyo me traduce y todo empieza a hilarse. Claro, házmelas.

Esa misma noche me llega un Kakao Talk (el WhatsApp coreano) de una chica que me pregunta por mi altura y me pide más fotos. Y al día siguiente me planto en una estación de metro llamada Myeonghak, la más cercana a la Sungkyul University, donde una semana después se celebra el desfile de graduación de la última promoción de Diseño de Moda y Belleza.

Y una suiza, cuatro alemanas, una noruega, una lituana y una española entran en un bar… y les ponen una tarta a forma de vestido. Soy la única de pelo oscuro y como tal me plantan uno de terciopelo rojo y tafetán blanco. Yo feliz. Viva España y viva yo, porque el vestido me sienta como un guante. Tomar medidas para las últimas puntadas, fotos de la cara para el diseño de maquillaje, y salir a un restaurante a tener la mayor comilona que he tenido desde que estoy en Corea.

Una semana después, la locura. Las seis de la mañana en pie, maquillaje, pelo, más maquillaje- ya soy oficialmente coreana, pues he sido capaz de quedarme dormida en circunstancias extremas, como teniendo una plancha del pelo a 900000 grados Fahrenheit a escasos milímetros de mi cara-, comer un kimbap rumiando más que masticando para no destrozar el maquillaje y, lo más importante, practicar el garbo una y otra vez subida a unos tacones como el Hallasan llevando cuatro capas de tela gruesa encima. Todo ello me autoriza para empatizar con ese tópico que nadie nos creemos: ser modelo es duro.

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Mientras esta foto era tomada, yo estaba empezando a volver a respirar.

Sonríe, pero no mucho, sostén el vestido, pero sin levantarlo demasiado, al llegar a tal sitio mira a la derecha, a la izquierda en tal otro, cuenta los pasos, intenta parecer natural, lleva el ritmo de la música. A la hora de la verdad, cuando tenía ante mí una pasarela a cada segundo más larga y unos focos rellenando mi solicitud para la ONCE, mi única meta era no caerme.

Todo salió bien (una de las alemanas no tuvo tanto suerte) y salvé la cara. Puedo decir que representé dignamente mi país en la metáfora del clásico chiste. Lo más bonito fue que mis compañeros de Málaga vinieron a verme y hacerme fotos (gracias a Primi por las fotos de esta entrada) y a dar el cante gritándome obscenidades que me llegaron al corazón. Después del desfile, a cenar mandu, y a casita. Tarde siglos en quitarme el maquillaje, que podéis ver en detalle en Instagram.

¿Que si me pagaron? Pues sí, y muy bien de hecho. Y hasta ahí voy a contar. Que se rompe la magia.

Postdata: Gracias a esto he descubierto que a mis homólogas de hace varios siglos les costaba respirar, les costaba comer, les costaba andar, les costaba sentarse y les costaba vivir. Un aplauso silencioso por ellas.

SER ESTUDIANTE UNIVERSITARIO EN COREA

Me he decidido por un título didáctico, ilustrativo, como un libro de instrucciones paso a paso, que nos convertiría en un estudiante modelo en este país. Llevo apenas tres días de clases en la Universidad de Incheon, en Songdo. Como sabéis los que hayáis leido el apartado Sobre mí, soy estudiante de Psicología, pero, como una de las últimas estudiantes de Licenciatura, tengo lo que se llama créditos de libre configuración, que puedo completar con cualquier tipo de contenido. Por eso mis escasas asignaturas se adscriben al Departamento de Literatura y Lengua Inglesas. Y también coreano, por supuesto, aunque no empiezo hasta dentro de una semana.

Para ser un estudiante tipo en Corea, hay que reunir las siguientes condiciones:

Respeto. Estoy descubriendo que, desde mi limitado y occidentalizado punto de vista, a veces el respeto puede confundirse con la indiferencia o directamente con el rechazo. En España, cuando un profesor lanza una pregunta al aire, la presión grupal hace que alguien responda, aunque sea tímidamente. Incluso por el mero hecho de establecer contacto visual con un alumno, se crea un hechizo que obliga a manifestarse, a hablar. En Corea, el profesor se enfrenta solo a una masa informe de receptores de información. Salvo excepciones, las preguntas lanzadas al aire se quedan flotando solas. Hasta el punto que el docente entona un: “¿se me oye?”, un mensaje en una botella a un mar de manso respeto, sin olas de debate, solo observación y registro de información. A veces el profesor tiene que recurrir a decir un nombre de la lista para obtener una respuesta.

Quizás es que en Occidente nos planteamos más el por qué, cuestionamos cada palabra y exigimos a la persona que está ante nosotros que nos convenza, que nos venda lo que afirma. Somos contestones y, ante los ojos de el sistema oriental, tenemos un punto impertinente, posiblemente amamantado por nuestro arraigado estilo socrático, donde la discusión se entiende como escalera hacia el aprendizaje, el conocimiento. El otro día os enseñé el juramento que hice respecto a las reglas de mi residencia. Una de ellas me exige que acepte sin discusión los castigos que se deriven de mi posible mal comportamiento. Si soy castigada o reprendida, no se acepta la cultura de la excusa. Dan igual los motivos; agacha la cabeza y acepta tu culpa. Este sistema, ni mejor ni peor, es simplemente fascinante.

Descanso. En descargo de lo anterior, es posible que mis compañeros de clase estén simplemente mental y físicamente agotados. Durante la época de instituto están sometidos a enorme presión. Corea, a la cabeza de los países con mayor número de suicidios, encuentra en esta situación un problema nacional. Los adolescentes, que salen del instituto por la noche, para seguir estudiando, ven en la entrada a la Universidad las puertas del cielo, sólo que en vez de San Pedro, están la sociedad y el status quo académico, que exigen un enorme esfuerzo al estudiante medio. Pero, ah, una vez entran en la Universidad, las cosas cambian. La etapa universitaria es un pequeño oasis entre el esfuerzo adolescente y el adulto. Eso, unido al consumo intensivo de alcohol, lleva a situaciones absurdas, como las que más adelante cuento.

Sinceridad. Las excusas no existen, Pero igual que se aceptan los castigos humildemente, también la verdad se acepta con benevolencia. En algunas asignaturas, llegar dos o tres veces tarde cuenta como una ausencia y las ausencias bajan la nota. Estando en una de las clases, al poco de comenzar y tras pasar lista, el profesor dice:

“Los que hayan llegado tarde, que levanten la mano.”

Y varias manos se alzan en el silencio de la clase. El profesor toma nota de sus nombres, y la clase sigue. No hay conflicto, no hay quejas o excusas, al igual que no hay reproches. No existe tensión, ni estado de excepción por parte del profesor, tampoco por parte de los alumnos. Acaba de suceder un acto de lo más corriente. Pero para mí no puede serlo. Imposible.

Pero lo más absurdo es lo que mi compañera de cuarto me contó sobre lo que había pasado en una de sus clases. Tras preguntar la profesora, lista mediante, por el trabajo programado para ese día a un alumno, este le respondió que no lo tenía hecho. El día anterior había estado “bebiendo, bebiendo y bebiendo”. “¿Y tienes resaca?” “Sí”. Y ya está. La naturalidad de la verdad en estado puro. No hay ofensa.

Postdata: La semana que viene no tengo clases hasta el jueves, porque es el Chuseok, una fiesta coreana comparable a la Acción de Gracias americana. La gente sale de Seúl para volver a su tierra familiar y compartir unos días juntos. Nosotros, como no tenemos familia aquí, posiblemente vayamos a visitar una versión vacía de Seúl, viajando al revés que el resto del país. Estad atentos a Instagram si queréis seguir el día a día de este puente.