¿POR QUÉ COREA?

Esta es la primera y principal pregunta que me han hecho en los últimos meses, comenzando por mi familia y mis amigos. Y mi respuesta, normalmente, ha sido un un escueto: ¿y por qué no?

Claro que decir eso y no decir absolutamente nada colindan pero es que, analizándolo bien, la pregunta es absurda por comparación. Cuando hace un par de años me concedieron un Erasmus para Suiza, nadie me preguntó “¿por qué Suiza?”, porque de alguna forma todos tenemos una imagen de Suiza. ¿Por qué no se plantea con la misma intensidad cuando la gente se va a Italia, Canadá, o incluso China? Mucha gente puede vislumbrar los motivos para irse a alguno de esos países, aquellos de los que una persona cualquiera de nuestro país puede dibujar en su mente una informativa caricatura.

Y es que parece que si tenemos una etiqueta clara en nuestras mentes sobre algo, somos capaces de empatizar más. Por eso Estados Unidos es lejano, pero no se cuestiona, porque se le conoce como el país de las oportunidades, y Japón es aún más lejano pero representa un exotismo conocido y catalogable.

Pero si preguntamos por Corea, mucha gente solo sabrá que hay dos, Norte y Sur, barcos tortuga, K-pop y BB creams, dependiendo de a quién preguntes. Por eso, cuando le decía a la gente que me venía a Corea, lo primero era “qué lejos” y después, tras unos segundos de silencio, una cara que tan sólo podría describirse como: no data found. Justo a continuación, LA pregunta. Nunca he sido una especial friki de lo oriental, más allá del interés que pueda tener cualquier persona que disfrute viajando o simplemente aprendiendo cosas nuevas. Y hasta hace un año exacto, no sabía nada sobre Corea y tenía mis dificultades para situarla en un mapa.

Sé que todo lo que he expuesto hasta ahora, en vez de difuminar la pregunta inicial, que es mi principal objetivo, sólo la está acentuando: “¿y entonces por qué narices te vas a la otra punta del mundo a un país del que no sabes absolutamente nada?” De acuerdo, me rindo.

Sabía de la existencia de la beca para Corea de mi Universidad desde el principio de la carrera. Pero de la misma forma en la que sabes que hay cursos de olericultura. También sabía de la existencia de la Oficina de la Universidad de Incheon, un espacio de colaboración de la Universidad de Incheon donde se daba información, talleres y cursos sobre la cultura coreana. En mi barrido habitual de paredes y corchos, di durante algunos años con carteles sobre un concurso de ensayo sobre literatura coreana, impulsado por la Oficina.

“Qué lastima que yo no tenga ni idea de la literatura coreana” – pensaba para mí. Y me imaginaba a los eruditos participantes del concurso como eminencias subidas a pedestales, elevando al aire obras maestras de tapa dura mientras declamaban en perfecto coreano.

Hasta que en septiembre del año pasado vi de nuevo el cartel y me dio por preguntar. Me dijeron que lo que se buscaba era un ensayo con una visión personal sobre la obra. Y entonces me encontré con la posibilidad de poder leer un relato inédito en español, exclusivamente traducido para la ocasión, y que encima se me permitiera dar rienda suelta a mis parrafadas sobre el mismo. Perfecto. Lo que yo no me esperaba es que el relato me atrapara, me cogiera de la mano y tirara de un hilo que me ha traído hasta aquí. El relato era crudo, directo, sincero y con una fuerza enorme, características que después también descubriría en otras obras coreanas.

Para documentarme, me empecé a informar sobre el idioma coreano y sus peculiaridades, exploré Seúl desde Google Maps para familiarizarme con las zonas que aparecían en el relato. En el mismo se mencionaba también algo llamado kimchi, y anduve caminos de Wikipedia, dando saltos entre gastronomía, cultura, historia, geografía y fotos. Y era como una niña con zapatos nuevos. ¿No es fantástico construir algo desde cero, algo sobre lo que no tienes ningún conocimiento?

El relato era Soom (Aliento), de la autora Cheon Eun Young. Dos meses después pedí la beca. Cuatro meses después, me la concedieron. Y aquí estoy. “¿Te fuiste a Corea porque te gustó un relato que leíste?” Supongo que la realidad no es tan simple, pero si lo fuese: ¿y por qué no?

Postdata: Al final nunca me fui a Suiza y el concurso lo gané, pero esa es otra historia.

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