ELOGIO DE LA IMPERFECCIÓN

Terraza resi
Terraza en la residencia de estudiantes. Como podéis ver, tengo los pies destrozados por picaduras de mosquitos.

Esta es una entrada de tranquilidad y reflexión sin ingredientes potenciadores del sabor. Así que echad mano a vuestro macchiatto, thai latte, agua fría con rodaja de limón o incluso un gin tonic los que os veáis más entonados, y reposad vuestros pies tal y como veis en la imagen. También vale con galletas.

Las fotos de atardeceres ideales con unos pies están demasiado vistas. Las fotos de atardeceres ideales con unos pies comidos por los mosquitos no tanto. Así que he elegido esta foto porque puede ilustrar el tema de hoy: la imperfección existe y está allá donde vayas.

Se acaban las vacaciones de Chuseok y mañana vuelven las clases, la operación retorno copa las carreteras coreanas mientras servidora lleva un par de días de reclusión en Songdo después de una superdosis en vena de Seúl. Pero he decidido que aún no es el momento de hablar de Seúl. Hay varias historias y anécdotas que responden como motivos; algunas son muy poéticas y metafóricas, otras abochornantes y poco dignas. Como en “La vida de Pi”, me voy a quedar con la que engloba las que más me gustan: no estoy preparada.

Y es que, ¿cómo voy a permitirme hablar de una ciudad que aún he vivido tan poco? De Seúl apenas he olido su perfume al pasar, y sólo puedo decir que quiero más. Quiero pintarme los labios al estilo de las coreanas, entenderme con los tenderos sin expresarme como un telegrama andante y pasear mis piernas heladas desnudas en otoño por Hongdae. Entonces, hablaré de Seúl. Mientras tanto, podéis ver muchas fotitos en Instagram.

Por eso, hoy voy a hablar de mi reclusión en Songdo, en los confines de una residencia vacía, pues la mayoría de residentes se ha ido todo el puente. Un tema soso a primera vista, pero esencial, porque también forma parte de mi viaje. Al ser Chuseok, casi todo ha estado cerrado estos últimos días, así que cuando volvimos de Seúl nos encontramos con que no había mucho que hacer por aquí. Y aunque algunos de mis compañeros hoy se han ido a Incheon de excursión, yo he decidido quedarme, he aprovechado para hacer la compra, la colada, balance de los gastos, embadurnarme de pomada para las picaduras (duelen mucho), dejar el cuarto como los chorros del oro y estudiar geografía de la Norteamérica colonial de 1754.

Mientras tendía mi ropa en un tendedero prestado de una chica china me he dado cuenta de que aún representando el esperpento en forma de una psicóloga española estudiando literatura americana en Corea tendiendo su ropa en el tendedero de una china, la vida no puede ser una aventura el cien por cien del tiempo. A veces lo único que te apetece hacer es dejar pasar las horas sin hacer nada interesante que merezca la pena destacar. Dedicarte a cuidar tu cotidianidad.

Esta entrada está dedicada a lo imperfecto y si cuento todo esto es para poner en relieve que, con los pies en alto, a 10000 kilómetros de casa, contemplando la caída del sol más rojo que he visto en mi vida mientras me rasco ferozmente hasta hacerme sangre, sólo soy una persona disfrutando de un paquete de galletas. Y ya sé que eso no vende, pero es real. Y mola mucho.

Postdata: El agua con una rodaja de limón se ofrece en los sitios finos aquí en Corea. Beber lejía tiene que ser más agradable.

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