HABLAR DEL TIEMPO

Es posible que a al hora de hablar de trivialidades, el tiempo se lleve la palma. Si está nublado, soleado, si parece que va a llover o si han dicho que este fin de semana refresca son los puntos de debate básicos en todo ascensor o cola de panadería que se precie. Esta temática es poco sustancial cuando, después de años de asentamiento, te haces con la climatología de un lugar. Pero vital cuando acabas de llegar a un sitio nuevo.

Me he puesto mala. Mocos, tos, dolor de cabeza, de oído. Un completo. ¿Por qué? Bueno, a los humanos nos encanta encontrarle motivos a todo, y yo se lo he encontrado. Queridos coreanos, el aire acondicionado no es esencial para la vida humana. Me parece impresionante que la cultura del reciclado esté tan asentada como para que resulte amenazante tirar un papel a la basura orgánica en un momento de prisa, pero no tengan reparo en poner el aire acondicionado altísimo en una de esas típicas aulas gigantes con forma de teatro griego de las películas americanas. Sentir la piel de gallina durante cuatro horas de clase ha desembocado en desastre. Y aquí estoy, pagando la novatada de no considerar necesario llevar una chaqueta a clase a mediados de septiembre.

Así que llevo varios días disfrutando de los beneficios de mi residencia, billar, ordenadores, cómodas mesas de estudio y otros. Me estoy poniendo al día con las asignaturas y estoy teniendo tiempo para reflexionar sobre la vida. O para no hacer nada en absoluto.

Mientras tanto, el sorteo del cuaderno del conejo rodeado de patos (que podéis ver aquí) sigue abierto. Sólo quedan tres días y aún podéis participar para que alguno de vosotros lo reciba en su casa y se convierta en un miembro más de la familia. Os recuerdo que hace falta seguir todos los pasos que aparecen en ese post, incluyendo el de hacer un comentario en la entrada en el muro de Facebook, pues el sorteo sólo se realizará entre los comentarios presentados.

Postdata: Este miércoles hay un evento muy especial en mi agenda cultural coreana. Aunque, como todavía está un poco en entredicho, no lo desvelaré hasta que haga mi análisis posterior, que veréis por aquí.

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SER ESTUDIANTE UNIVERSITARIO EN COREA

Me he decidido por un título didáctico, ilustrativo, como un libro de instrucciones paso a paso, que nos convertiría en un estudiante modelo en este país. Llevo apenas tres días de clases en la Universidad de Incheon, en Songdo. Como sabéis los que hayáis leido el apartado Sobre mí, soy estudiante de Psicología, pero, como una de las últimas estudiantes de Licenciatura, tengo lo que se llama créditos de libre configuración, que puedo completar con cualquier tipo de contenido. Por eso mis escasas asignaturas se adscriben al Departamento de Literatura y Lengua Inglesas. Y también coreano, por supuesto, aunque no empiezo hasta dentro de una semana.

Para ser un estudiante tipo en Corea, hay que reunir las siguientes condiciones:

Respeto. Estoy descubriendo que, desde mi limitado y occidentalizado punto de vista, a veces el respeto puede confundirse con la indiferencia o directamente con el rechazo. En España, cuando un profesor lanza una pregunta al aire, la presión grupal hace que alguien responda, aunque sea tímidamente. Incluso por el mero hecho de establecer contacto visual con un alumno, se crea un hechizo que obliga a manifestarse, a hablar. En Corea, el profesor se enfrenta solo a una masa informe de receptores de información. Salvo excepciones, las preguntas lanzadas al aire se quedan flotando solas. Hasta el punto que el docente entona un: “¿se me oye?”, un mensaje en una botella a un mar de manso respeto, sin olas de debate, solo observación y registro de información. A veces el profesor tiene que recurrir a decir un nombre de la lista para obtener una respuesta.

Quizás es que en Occidente nos planteamos más el por qué, cuestionamos cada palabra y exigimos a la persona que está ante nosotros que nos convenza, que nos venda lo que afirma. Somos contestones y, ante los ojos de el sistema oriental, tenemos un punto impertinente, posiblemente amamantado por nuestro arraigado estilo socrático, donde la discusión se entiende como escalera hacia el aprendizaje, el conocimiento. El otro día os enseñé el juramento que hice respecto a las reglas de mi residencia. Una de ellas me exige que acepte sin discusión los castigos que se deriven de mi posible mal comportamiento. Si soy castigada o reprendida, no se acepta la cultura de la excusa. Dan igual los motivos; agacha la cabeza y acepta tu culpa. Este sistema, ni mejor ni peor, es simplemente fascinante.

Descanso. En descargo de lo anterior, es posible que mis compañeros de clase estén simplemente mental y físicamente agotados. Durante la época de instituto están sometidos a enorme presión. Corea, a la cabeza de los países con mayor número de suicidios, encuentra en esta situación un problema nacional. Los adolescentes, que salen del instituto por la noche, para seguir estudiando, ven en la entrada a la Universidad las puertas del cielo, sólo que en vez de San Pedro, están la sociedad y el status quo académico, que exigen un enorme esfuerzo al estudiante medio. Pero, ah, una vez entran en la Universidad, las cosas cambian. La etapa universitaria es un pequeño oasis entre el esfuerzo adolescente y el adulto. Eso, unido al consumo intensivo de alcohol, lleva a situaciones absurdas, como las que más adelante cuento.

Sinceridad. Las excusas no existen, Pero igual que se aceptan los castigos humildemente, también la verdad se acepta con benevolencia. En algunas asignaturas, llegar dos o tres veces tarde cuenta como una ausencia y las ausencias bajan la nota. Estando en una de las clases, al poco de comenzar y tras pasar lista, el profesor dice:

“Los que hayan llegado tarde, que levanten la mano.”

Y varias manos se alzan en el silencio de la clase. El profesor toma nota de sus nombres, y la clase sigue. No hay conflicto, no hay quejas o excusas, al igual que no hay reproches. No existe tensión, ni estado de excepción por parte del profesor, tampoco por parte de los alumnos. Acaba de suceder un acto de lo más corriente. Pero para mí no puede serlo. Imposible.

Pero lo más absurdo es lo que mi compañera de cuarto me contó sobre lo que había pasado en una de sus clases. Tras preguntar la profesora, lista mediante, por el trabajo programado para ese día a un alumno, este le respondió que no lo tenía hecho. El día anterior había estado “bebiendo, bebiendo y bebiendo”. “¿Y tienes resaca?” “Sí”. Y ya está. La naturalidad de la verdad en estado puro. No hay ofensa.

Postdata: La semana que viene no tengo clases hasta el jueves, porque es el Chuseok, una fiesta coreana comparable a la Acción de Gracias americana. La gente sale de Seúl para volver a su tierra familiar y compartir unos días juntos. Nosotros, como no tenemos familia aquí, posiblemente vayamos a visitar una versión vacía de Seúl, viajando al revés que el resto del país. Estad atentos a Instagram si queréis seguir el día a día de este puente.

SONGDO, MI AMOR

Songdo
Songdo International City desde Central Park. Impresiona.

“Parece recién sacada de “Origen”

Paseamos por Songdo y un compañero, estudiante de arquitectura, hace esa observación. Asiento enérgicamente, es exactamente esa sensación. Pero, ¿en qué se parece Songdo a la película de Christopher Nolan? En que te sientes caminando por un sueño, pero un sueño construido, pensado al milímetro, diseñado hasta el último detalle. Tan perfecto que no parece real.

Esta ciudad recién nacida, envuelta en verde y cristal, ha sido creada de la nada, robada al mar y provista de toda las tecnologías habidas y por haber. El proyecto, aprobado en 2003 y planificado para que termine en 2015, la convertirá en la ciudad con las infraestructuras más modernas del mundo. ¿Quién dijo miedo?

¿Qué le falta? Gente, pues aún está despoblada en gran parte, aunque no dejan de construir pisos y más pisos. Sabor, especialmente. Quizás es que el Viejo Continente tira demasiado, pero le concedo a lo antiguo el lugar que se merece. El hilo musical que te acompaña mientras caminas entre los edificios solo contribuye a la sensación de irrealidad. Faltan olores y achaques que resulten característicos. Songdo es como una hermosísima coreana, tras alguna que otra operación estética prototípica. Faltan décadas para que vaya tomando su fuerza propia. Como esos antiésteticos cables descubiertos en Seúl que para mí le conciben gran parte de su encanto.

Será que me tira más el atractivo que la guapura. Así, Songdo es despampanante, perfecta, como un sueño dentro de un sueño. Pero de momento es lejana, aséptica y parece que sonríe forzada, como una tensa recién llegada que se sabe observada. Sin embargo, estoy segura que dentro de unos años sería capaz de enamorarme de ella. Hasta las trancas.

Postdata: Hoy ha sido el primer día del semestre, y el campus se ha llenado de gente. Cómo cambian los sitios cuando hay vida. Podéis verlo en Instagram (@objetivocorea). Mañana será mi primera clase. Ya os contaré.