FIN DE AÑO EN SEÚL Y UNA LEYENDA COREANA

¿Ya te conoces de memoria las decoraciones navideñas de tu ciudad? Hoy traigo algunas fotos recién traídas del centro de Seúl para que te des un paseo por la capital coreana engalanada para las fiestas.

El arroyo Cheonggyecheon decorado con las luces navideñas. Guau. Foto por: @foxhound2234

Probablemente inspirados por la cultura norteamericana, en Corea la Navidad se celebra con mucha intensidad. Menos centrada en la vertiente religiosa y más en la fiesta de familia y consumo, la Navidad es un motivo más para ir de compras en Corea del Sur. 

Árbol de Navidad instalado enfrente del Seoul City Hall, el Ayuntamiento para los amigos. Foto por: @foxhound2234

En la noche de Fin de Año, gente destacada de la política y sociedad coreana hace sonar la enorme campana de Chonggak treinta y tres veces – ¿quién quiere doce pudiendo tener treinta y tres? – y los asistentes presencian la celebración de la entrada del año ante esa campana, como en la Puerta del Sol en Madrid ante el Reloj de la Gobernación.

¿Por qué son treinta y tres campanadas? Según la tradición budista, existen treinta y tres universos, y aquellos que viven en el último tienen vidas largas y saludables. Para desear la salud de la gente, como residentes de ese universo número treinta y tres, hacen sonar la enorme campana de hierro hasta alcanzar ese número. Supongo que siempre es mejor que tomarse treinta y tres uvas. Glup.

La campana actual es una réplica de una legendaria campana perteneciente a la dinastía Shilla. Para su construcción pidieron a la gente que donara hierro o algún tipo de metal para forjarla. Cuenta la leyenda que una madre, siendo tan pobre que no tenía nada para donar, entregó a su propio hijo para formar la campana. En vez de rechazar ese donativo, añadieron al hijo a la fundición y crearon la campana. Desde entonces, la campana sonaba como un niño buscando a su madre. Por eso el nombre original de esa campana es emile chong. Chong significa campana y emi es una forma despectiva de referirse a “madre”. Tal cual.

Si las uvas no te han dado mucha suerte en los últimos años, prueba a hacerte con una campaña pequeñita (en estas fechas se pueden encontrar en muchos sitios) y empieza el año con la tradición coreana. Recuerda, treinta y tres campanadas. Ni una más, ni una menos.

Para los que no podemos asistir al evento, nos queda este vídeo de Navidad de los Kakao Friends, de los que soy fan irremediable, . Si no os suenan sus caras podéis echarles un ojo más de cerca aquí.

Postdata: ¿Cómo celebras Fin de Año en tu país o ciudad? Espero que no incluya tirar a más niños por ahí. Cuenta, cuenta…

CUENTACUENTOS Y PARÉNTESIS

Otoño y lluvia en una aldea tradicional. Un minuto de silencio por la cámara que tomó está foto.
Otoño y lluvia en una aldea tradicional. Un minuto de silencio por la cámara que tomó está foto. Estés donde estés no te olvidaré.

Ha pasado más de un mes desde mi última entrada y, acercándome peligrosamente a los dos meses, una cifra más que suficiente para dar por muerto a cualquiera, he decidido romper el silencio de una vez y contaros. Contaros mucho. Os voy a confesar mis Cuatro Nobles Verdades, permitiéndome parafrasear a la tradición budista.

La Primera Verdad es que hacia finales de noviembre y hasta diciembre mi actividad se multiplicó por sí misma varias veces. Primero, porque se acercaban los exámenes y tenía demasiado acumulado y segundo porque comencé a preparar papeles y fuerzas para postular para un trabajo en la Organización de Turismo de Corea. Como iba superando las pruebas, de una semana para otra tenía mucho en lo que pensar, y aunque mantuve un buen ritmo de publicaciones en Instagram, el blog quedó en un segundo plano. Finalmente, tras llegar a entrevista, decidieron que no contaban conmigo, cortándome mi continuación en el país de la morning calm. También participé en un concurso de ensayo, en el que hice un pequeño escrito sobre Songdo -la ciudad de la que os hablé aquí-, en el que me dieron la enormísima alegría de obtener el tercer premio. Ni siquiera pude acudir a la ceremonia de entrega. No por ir de alternativa de la vida, que también, sino porque tenía justo un examen de coreano esa tarde.

La Segunda Verdad es que el día 21 de diciembre salía mi avión para España, vía Londres. Sin trabajo, ni perspectivas aquí a corto plazo, era ya un regreso, con toda la propiedad de la palabra. Así que las compras, las despedidas y un lento striptease del corazón me fue ocupando el tiempo y la mente. Y con el temor clásico a una despedida melodrámatica, opté por un silencio diplomático.

La Tercera Verdad, como habréis deducido, es que estoy en España. A las siete de la mañana de mi partida llevaba una maleta que pesaba más que al venir y demasiadas mochilas a la espalda. Y caía tal cantidad de nieve que parecía de pega. Llegué con lluvia y me marcho con nieve, pensé, y qué risas y qué pena. Puedo decir que no lloré, por decir algo, aunque no signifique mucho.

La Cuarta Verdad es que mi compañera de cuarto no se ha despedido de mí, ni yo de ella. En un punto romántico, quizás una metáfora, ella me dijo: “de ti no me despido” entre risas y un “te veo el sábado”. Y llegó ese tal sábado y tuve que sacar su maleta al pasillo porque nos echaban. E irme…

Así que me digo que, ya que no hubo despedida, tampoco la tuve de Corea. Quizás por eso no he llorado. Mi corazón sigue desnudo pero se está tomando medidas para un hanbok y mi futuro me huele a pasta de judías. No lo sé, quizás es que he querido tener una aventura con Corea y ahora no puedo dejar de pensar en ella. Lo mismo me he enamorado y no me he dado cuenta.

Un niño sostiene un paraguas desproporcionado. Dentro de unos años se pasará a un móvil de las mismas características.
Un niño sostiene un paraguas desproporcionado para su tamaño. Dentro de unos años se pasará a un móvil de las mismas características.

AL GRANO:

¿Se va a cerrar el blog? No, el blog seguirá abierto y seguiré subiendo cosas, cosas que he ido anotando a lo largo de estos meses, sacando a la luz todo el material sobre mis impresiones de sitios, de la gente y los lugares que Corea me ha ofrecido. Os seguiré contando de vez en cuando, con el material que tengo acumulado, de la forma en la que siempre lo he hecho. Lógicamente, el ritmo será más bajo. Al menos… mientras no vuelva a Corea.

¿Qué pasa con la cuenta de Instagram? Tengo aún algunas fotos por ahí que mostraros, pero ya no podré subir cada día como he ido haciendo hasta que se acercó el momento de marcharme. Seguirá en funcionamiento y con muchas ganas de volver a estar 100% activa. Mientras tanto podréis seguirme en la nueva que tengo, esta más personal, que os dejo más abajo.

¿Qué vas a hacer ahora con tu vida? Si alguno os estáis preguntando esto, mil gracias por el interés. Lo cierto es que no pararé mucho en España. Dentro de unos diez días me voy al norte de Francia unos meses, de nuevo con una beca y con la sana intención de aprender el idioma. Aunque me voy con un poco de corazón roto, tengo mucha ilusión por seguir enseñándonos lo que me iré encontrando. Para ello podéis seguirme en mi recién estrenada cuenta de Instagram (@nhoau).

¿Eso quiere decir que habrá un Objetivo Francia? No, me temo que no. Hay ya mucha información sobre Francia y la cultura francesa está tan arraigada en nuestras cabecitas que no me resulta un contraste tan interesante como para impulsarme a contaros. Además, tengo otros proyectos en mente que requieren un teclado, por lo que si en un momento dado os apetece seguir leyéndome os haré llegar todo lo que vaya escribiendo en distintos medios.

¿Entonces cómo nos vas a contar sobre lo que te va pasando? Bueno, como os he comentado, ahora también tengo una cuenta de Instagram más informal, donde os iré mostrando como son las cosas en España y en Francia, y por donde pase, al mismo ritmo que me he marcado en Objetivo Corea. Os invito a que me sigáis si os apetece saber más de mí y de mis circunstancias. Mi usuario es @nhoau. También podréis seguirme en mi cuenta de Twitter: @nhoaurquia. Y por supuesto, en este mismo blog.

Pero, ¿no vas a volver a Corea? Eso nunca se puede saber, aunque os puedo decir que mi intención es hacerlo. Pero de momento, en mi camino se ha cruzado Francia y es lo que toca. Sí os digo que pienso retomar el coreano según vuelva de Francia… y ahí lo dejo.

En cualquier caso os iré contando por aquí, porque esto no es una despedida, sino un paréntesis que lleva a otra gran frase. Podéis dejarme en los comentarios cualquier pregunta o duda sobre el país del kimchi, que me llegará directamente a mi bandeja de entrada. Nos seguimos viendo. En Objetivo Corea y en todo lo demás (Twitter e Instagram). Y no, de vosotros tampoco me despido…

Postdata: He perdido mi cámara. O me la han robado. Seguramente en el aeropuerto de Gatwick en mi escala en Londres, aunque es un misterio. Si alguien la ve que mande saludos. Junto con las fotos que se quedaron dentro. Snif.

ECUADOR DE UN VIAJE

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Songdo de Noche, desde el canal del Central Park y el puente que lo cruza. 

Dos semanas largas, de dormir poco, dos semanas de exámenes y aquí estoy, en el primer martes de noviembre en Corea. No estoy tan desaparecida como cabría esperar, pero me ha gustado escuchar o leer el “¿dónde te metes?” que todos queremos recibir de vez en cuando y que nos anima a seguir cuando las energías bajan.

¿No os ha pasado nunca eso de tartamudear al intentar decir muchas cosas a la vez? Así me llevo sintiendo los últimos días que he tenido libres, cuando he podido mirar de nuevo al teclado para plantearme el seguir contando mi viaje. Pero el teclado me ha devuelto una mirada triste. Y es que quiero hablaros de Busán, que visité en un oasis entre exámenes y exámenes. Quiero empezar a dibujaros Seúl, despacio, masticando bien y sin deglutir. Quiero contaros cosas pequeñas, insignificantes, pero enormes, como el tiempo o las telarañas. Y es que ha llovido mucho sobre la lluvia que me recibió a finales de agosto y que os conté aquí.

Siento que me tiembla la voz, o el pulso, si hablamos de dedos, cuando pienso que hace ya más de diez días que dejé atrás el ecuador de mi viaje. Y es que, a día de hoy, parece que mi aventura con Corea termina más pronto que tarde, aunque nunca se sabe con certeza. Qué poco he contado, diréis. Pero qué cuánto he vivido, y eso me ha impedido contar más. Por eso, cuando el tiempo apremia, parece que es más difícil relajar las experiencias y dejar que fluyan como si no hubiese una fecha límite, amenazadora, obligándote a dejar cerrada una etapa.

Pero esta etapa por el momento no cierra, y os invito a asistir a su madurez y desarrollo. Me queda mucho por contaros, de lo que ya he vivido y de lo que aún desconozco, y os escribo esto para sentar las bases de lo que queda de Objetivo Corea: muchas más historias, muchas más fotos y todavía más anécdotas y momentos capturados en este país, que ya son míos aunque no estén plasmados y que pienso compartir con toda aquella persona que pase por aquí y me lea.

Quizás parte de la belleza de este momento es que he mirado por encima de la línea del horizonte y he visto España acercándose. Y Corea se ha convertido en un barco que ha partido ya y que me lleva de vuelta a casa, lenta, sí, pero inevitablemente. Y pienso tocar, como los músicos del Titanic, hasta que no quede cubierta y mis pies toquen un avión que no pertenezca a ningún lugar. Quedáis invitados a esta coda, o a este concierto inaugural del resto de mi vida. Lo mismo es.

Postdata: Dentro de poco subiré un vídeo a Instagram grabado en Busán no apto para todos los estómagos. Pero antes, os pediré vuestra ayuda. Os lo cuento en próximas entradas.